José Martínez Ruíz Azorín

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Autor: Redacción Ejemplode.com.

JOSÉ MARTÍNEZ RUJZ (AZORÍN) (1873-1967)

Es el escritor más representativo de la generación^del98 y el que más contribuyó a divulgar su fama. Como dijimos al principio de este capítulo, Azorín utilizó por primera vez este nombre para designar a un grupo de jóvenes de tendencias heterogéneas pero que coincidían en su actitud de protesta. Siempre permaneció fiel al ideario inicial; tuvo conciencia de la misión reformadora que a los del 98 competía, y en lo que estuvo de su parte, procuró llenar esa misión. Azorín se siente desde el primer momento un reformador. Y lo es: ha reformado por lo menos el lenguaje.

José Martínez Ruíz nació en Monóvar (Alicante) en 1873. Hijo de un abogado y de una maestra, su primera formación fue muy cuidada y propia de la clase media española. Hizo sus estudios de bachiller en Yecla, pueblo de Murcia que dejaría hondo recuerdo en su espíritu y larga proyección en su obra literaria. Inició sus estudios de Derecho en Valencia y Granada y finalmente se recibió de abogado en Salamanca.

Desde muy joven se dedicó al periodismo y puede decirse que fue la profesión de toda su vida. Actuó en política; fue diputado a Cortes varias veces y llegó a ser subsecretario de Instrucción Pública. Tras un largo exilio en París, durante la guerra civil española, regresa a Madrid, donde muere en 1967.
Azorín, notable como ensayista y articulista, es el menos narrador de los prosistas del 98. Su predilección por un estilo deliberadamente fragmentario y reiterativo y su desdén por la narración como tal, no le permitieron crear obras propiamente novelescas. Su estilo, de gran brevedad, sencillez y tersura, es fruto de un profundo conocimiento del idioma. "Su mismo seudónimo, Azorín, diminutivo de azor —dice Francisco Grandmontagne— evoca lo alado, lo raudo, veloz y cortante, cualidades esenciales de su prosa magnífica." Tras esa aparente sencillez se esconde un sabio artificio.

Es Azorín el que inicia la novedad de acribillar la prosa con puntos y comas; todos sus escritos lo comprueban: "La ciudad reposa profundamente. En el caer de la tarde va llenándose de sombras el diminuto jardín. Revolotean blandos, elásticos, los primeros vespertilios. Allá lejos, suena la campana de algún convento. Ha llegado el crepúsculo. Comienza a brillar una estrella en el cielo oscurecido...".

Nos hallamos ante un gran paisajista: paisajes de la naturaleza y de las almas. Obras descriptivas trabajadas sin prisa, sin atropellamiento, con una fruición de orfebre; artículos periodísticos que equivalen a miniaturas; visiones de España —Castilla, Levante, Vascongadas— en las que la mirada se ha detenido con deleitosa complacencia; retratos y fisonomías humanas con toda la pureza y sobriedad de líneas compatibles con el más nimio detalle. Sus páginas sobre los pueblos y las gentes de Castilla son de una belleza y sobriedad inimitables y constituyen verdaderas joyas de las letras españolas. Es grande su influencia sobre Antonio Machado y otros poetas y prosistas de espíritu castellano.

Las ideas de Azorín acerca de España son las de su generación: hay primero un violento ataque a la tradición, luego un denodado esfuerzo para valorar el pasado nacional; pero junto a la adhesión a lo genuino, exigirá siempre "un lazo sutil que nos una a Europa".
Las novelas de Azorín carecen casi por completo de acción. Son subjetivas, de fondo filosófico, probablemente autobiográficas, y sólo se narra en ellas lo que pasa en el alma y en el pensamiento de sus protagonistas. Ellas son: La voluntad; Antonio Azorín; Las confesiones de un pequeño filósofo, con recuerdos de su infancia, llenos de ternura; Donjuán; Doña Inés.

Ensayos sobre España y su paisaje: El alma castellana, La ruta de don Quijote, España, El paisaje de España visto por los españoles, etc.
Crítica literaria: Clasicos y modernos, Al margen de los clásicos, Rivas y Larra, Lecturas españolas, Lope en silueta.

Un factor fundamental en la obra de Azorín y fuente de inesperadas emociones estéticas, es el tiempo. En sus obras, lo pasado se actualiza y lo actual se carga de pasado. Vivir es ver volver... Lo ve todo como si no hubiera pasado; o mejor, como si estuviera volviendo a pasar. El mismo confiesa: "A saber lo que es el tiempo he dedicado largas meditaciones". Para él, la mayor tragedia del alma es sentir que pasa el tiempo.

Citado APA: (A. 2009,02. José Martínez Ruíz Azorín. Revista Ejemplode.com. Obtenido 02, 2009, de https://www.ejemplode.com/40-biografias/581-jose_martinez_ruiz_azorin.html)

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