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Ordenamiento de los organismos

El mundo vivo contiene una impresionante diversidad de organismos cuyas estructuras y formas de vida son muy variadas. Ordenar para su estudio esta gran variedad de seres es una labor que a primera vista parece imposible. Hay científicos que dedican su actividad a realizar un ordenamiento o agrupamiento en conjuntos de organismos afines entre sí por su similitud o semejanza en forma y función, así como por la cercanía de su origen evolutivo. Con la ayuda de estudios morfológicos y anatómicos inicialmente y, en épocas más recientes, utilizando datos fisiológicos, paleontológicos, bioquímicos y otros, ha sido posible ordenar la diversidad viviente en grupos de organismos que están más o menos cercanamente relacionados o emparentados, y que probablemente tuvieron ancestros comunes en el curso de la evolución orgánica. Estos grupos de organismos han sido organizados empleando para ello sistemas de nomenclatura y de jerarquías que forman un campo del conocimiento humano llamado sistemática. La sistemática es el ordenamiento de los seres vivos utilizando criterios de semejanzas, diferencias y relaciones evolutivas.
La taxonomía es el conjunto de normas técnicas y procedimientos para ordenar a los seres vivos en taxas o grupos afines.
El fundador de la sistemática moderna fue el naturalista sueco Cari Linné (Linneo) (1707-1778) autor de Species Plantarum y otras obras en las que se establece el sistema de nomenclatura en latín llamado sistema binomial, utilizado actualmente por los taxónomos, que son los científicos que se dedican al estudio de la sistemática.
Ellos utilizan nombres en latín o griego latinizado, ya que esta lengua es conocida por todos ellos, lo que permite reconocer con el mismo nombre en todo el mundo a cada planta o animal.
El objetivo final de la sistemática es el desarrollo de un árbol genealógico definitivo de todos los seres vivos que han poblado y pueblan el Planeta; pero aún estamos muy lejos de alcanzar ese objetivo debido a que todavía es necesario estudiar con detalle muchos grupos de seres vivos antes de terminar esa labor. El avance en este campo de la ciencia ha sido considerable, dado que actualmente se utilizan conocimientos de genética y bioquímica, además del estudio morfológico y anatómico de los seres vivos.
Antes del desarrollo de la ciencia de la sistemática, los seres vivos recibían nombres que cambiaban de lugar a lugar y de época en época. Estos nombres llamados "nombres vulgares" continúan siendo utilizados en las conversaciones informales de los científicos y, sobre todo, por el común de la gente. Los nombres científicos se emplean principalmente en trabajos científicos que son leídos preferentemente por especialistas.
Como un ejemplo de la utilidad de los nombres científicos para permitir la comunicación entre científicos y especialistas de diferentes países, mencionaremos el caso del fresno común, cuyo nombre científico es Fraxinus communis: Este árbol, que se cultiva en parques y avenidas de México y otros países, recibe los siguientes nombres: Alemania: Esche; Inglaterra: Ash; Francia: Frene; Grecia: Fraxi-nos; Japón: Tomeriko; Holanda: Es; Portugal: Freixo; Unión Soviética: Jasen; Turquía: Disbudak; Polonia: Jesion; Rumania: Frasin; Israel: Mey-la, etcétera.
Al emplear el nombre científico, es posible que personas de cualquier país sepan exactamente a qué especie de planta, animal o microorganismo se refiere el autor del trabajo. Esta precisión es indispensable para lograr que un trabajo científico pueda ser repetido, que sus resultados puedan ser aplicados a nuevos trabajos o a usos prácticos en lugares distintos a aquél en donde fue realizado.

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Por : Luffy

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