Carlos Pellicer y los contemporáneos

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Autor: Redacción Ejemplode.com, año 2018

No está de más recordar que la Revolución de 1910, provoca una vuelta a las raíces, a lo más telúrico nuestro, como se ha usado decir, y que entre sus variadas repercusiones, el arte en general se hace eco del redescubrimiento de lo acendradamente mexicano; y es aquí, en tales terrenos –específicamente en la pintura y en la literatura- donde viene a presentarse una de las más enconadas batallas: la que se da entre quienes obnubilados por la exaltación de lo local, condenan toda apertura a lo exterior, y los consecuentes opositores de una visión tan limitante, esto es, quienes comprenden que el aislamiento en el marco de lo nacional, no hace sino anular toda posibilidad de, dicho con una palabra tradicional: universalización.

Al concluir la revolución mexicana los ánimos estaban divididos y las corrientes ideológicas tenían una sola mirada, “el progreso”, dentro de esta este ir y venir de ideales por alcanzar se destacó un grupo de intelectuales mexicanos, los cuales comenzaron a desarrollar un sentimiento encontrado con el sistema de gobierno después de la gran revolución del siglo XX.

Esta confusión de identidades dio como resultado que los jóvenes comenzaran a cuestionar aquel sistema y con ello se inicio un movimiento literario que se desarrolla paralelo al estridentismo, pero de mayores alcances y con un significado más profundo, es el del grupo de “Contemporáneos”, grupo así llamado por la revista que estos jóvenes publicaron entre 1928 y 1931. Los directores de Contemporáneos –Jaime Torres Bodet, Bernardo Ortiz de Motellano y Bernardo Gastélum- lograron atraer las mejores plumas de la época, y, por lo tanto, la revista representa todo un período literario en el desarrollo de la literatura mexicana contemporánea. Los principales animadores del grupo, además de Torres Bodet y Ortiz de Montellano, fueron José Gorostiza, Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, Gilberto Owen, Jorge Cuesta y Enrique González Rojo. Carlos Pellicer y Elías Nandino, aunque no formaron parte del grupo, pertenecen a la misma generación.

Los contemporáneos se formaron en las aulas de la Facultad de Altos Estudios de la Universidad Nacional, en donde el horizonte espiritual se encontraba todavía saturado por el recuerdo del Ateneo de México. Los maestros que atraen a los jóvenes escritores son, entre otros, Antonio Caso quien organizó actividades dirigidas a contrarrestar al positivismo porfiriano, creando un nuevo ambiente cultural con la aportación de modernos lineamientos filosóficos y literarios, ademas compartía su reacción contra el positivismo y su adhesión a las nuevas corrientes antiintelectualistas. Enrique González Martínez. La influencia de otros ateneístas –Alfonso Reyes, José Vasconcelos, Pedro Henríquez Ureña- fue tal vez menos significativa que la de Caso y González Martínez. Estas influencias, más que en la obra literaria, se dejan sentir en el desarrollo intelectual de estos jóvenes. No hay olvidar que los “Contemporáneos” rechazan el acendrado mexicanismo que caracteriza a su poesía.

Las primeras manifestaciones literarias propias del nuevo grupo de poetas, que con el tiempo había de llamarse “Contemporáneos”, son las revistas Gladios (1916), Pegaso (1917) y San-Ev-Ank (1918), todas ellas publicadas todavía bajo el ala de los poetas consagrados. En la primera aparece Pellicer, y Torres Bodet en la segunda. En estas revistas juveniles, como también en México Moderno (1920-1923) y en Falange (1922-1923) –publicadas bajo la influencia filosófica de Vasconcelos y la literaria de González Martínez y López Velarde los jóvenes y nuevos poetas todavía no manifiestan su brillante independencia intelectual; aunque sí es cierto que ya para 1918 habían organizado un segundo Ateneo de la Juventud, así llamado para rendir homenaje a los ateneístas. Pronto, sin embargo, la nueva generación se desprende de sus tutores intelectuales y forma un grupo homogéneo, consciente de las nuevas inquietudes estéticas y literarias.

Carlos Pellicer (1899-1977) poeta mexicano de origen tabasqueño uno de los más destacados poetas del Grupo de los Contemporáneos. redescubrió la belleza del mundo; ..."el sol que arde sobre los vegetales del trópico, el mar que llega por primera vez a la playa". Sus palabras quieren reordenar la creación y..."en ese trópico entrañable los elementos se concilian: la tierra, el aire, el agua y el fuego le permiten mirar en carne viva la grandeza y la belleza de Dios". En atención a esa luz cromática, las formas esculturales y la energía dinámica del paisaje tropical de México, así inicia su carrera como escritor. Carlos Pellicer se distingue por sus elementos esenciales de estética entre el grupo de escritores contemporáneos, por su verbalismo, por su subjetiva intensidad musical, por su sensibilidad y su poesía mística. Mágica y en continua metamorfosis, su poesía no es prédica ni razonamiento, es más bien un canto eterno. Carlos Pellicer es el poeta genuino que nos enseña a mirar el mundo con otros ojos. Su obra, toda una pluralidad de géneros, se resuelve en una luminosa metáfora en una interminable alabanza al mundo.

Carlos Pellicer domina a los quince años la temática, el tono y las destrezas del modernismo rubendariano y publica a los veintidós Colores en el mar y otros poemas (1921) que ya es uno de los títulos fundamentales de la poesía mexicana moderna. También a los veintidós años publicó su primer libro, Avidez (1921), Estudió en la Escuela Nacional Preparatoria y en Colombia, a donde fue enviado por el gobierno de Don Venustiano Carranza. Cofundador de la revista San-Ev-Ank (1918) y de un nuevo ateneo de la juventud (1919). Aquí fue donde comenzó a formarse un criterio y el periodo de la pos guerra le mostró una visión completa y diferente de México que él esperaba. En agosto de 1921, junto con Vicente Lombardo Toledano, Diego Rivera, José Clemente Orozco y Xavier Guerrero entre otros, fundó el Grupo Solidario del Movimiento Obrero. Colaboró en las revistas Falange (1922-23), Ulises (1927-28) y Contemporáneos (1928-31). Fue profesor de poesía moderna en la UNAM y director del Departamento de Bellas Artes. Organizó los museos Frida Kahlo, el de la Venta, y el de Anahuacalli.

Históricamente hablando el grupo de estos intelectuales vivió su infancia dentro de un contexto de represión y para el momento en que estalla la revolución están llenos de este descontento, esta falta de progreso, esta carencia de identidad entre lo que son y lo que aspiran llegar a ser. Durante el período de la revolución Mexicana, el anarquismo fue una fuerza significativa en otras partes del mundo, por ejemplo en la revolución rusa y más adelante en la España de 1936. Así pues no debe sorprender que el anarquismo fuera una fuerza significativa en la revolución Mexicana también. Estas ideas impregnaron los turbulentos acontecimientos de México, a través de una variedad de individuos, grupos y organizaciones.
El anarquismo es una ideología que lucha por un mundo sin necesidad de estados. Los anarquistas prevén una sociedad en donde los trabajadores se gestionarían a sí mismos y los medios de producción fueran controlados por los que producían -- directamente, opuestos a los gestores capitalistas o del partido comunista. Políticamente, los anarquistas luchan por un sistema descentralizado en donde el poder se basa en la unidad más pequeña posible, o el individuo o la comunidad. De allí, la coordinación en una escala más grande se logra con la confederación y el uso de un sistema delegativo. Nunca en tal sistema una persona gobernaría a otra -- de ahí el nombre: Anarquismo.

Ricardo Flores Magón, cuyos restos descansan en la Rotonda de Hombres Ilustres en la Ciudad de México, fue una abierto partidario del anarquismo. Su organización política con nombre confuso, el Partido Liberal Mexicano, fue capaz de influenciar a una gran porción de los revolucionarios Mexicanos. Sus seguidores incluso intentaron una rebelión armada en Baja California, para crear una sociedad anarquista. En los centros urbanos, la unión Anarco-sindicalista, La Casa del Obrero Mundial, tuvo un papel muy importante durante el período de 1912-1916. En el sur, aunque no abiertamente anarquista, los Zapatistas apoyaron opiniones que recordaban, en una gran parte, a los ideales del anarquismo. La revolución Mexicana no habría sido igual sin estas influencias.

Para el momento en que estalla la revolución aquellos jóvenes con los ideales progresistas son testigos de los enfrentamientos entre los ejércitos de Don Porfirio Díaz y los insurrectos, quienes creen que el progreso tiene otro camino muy distinto, pero están dispuestos a jugarse lo que son con tal de ser lo que necesitan llegar a ser..

No está de más recordar que la Revolución de 1910, provoca una vuelta a las raíces, a lo más telúrico nuestro, como se ha usado decir, y que entre sus variadas repercusiones, el arte en general se hace eco del redescubrimiento de lo acendradamente mexicano; y es aquí, en tales terrenos específicamente en la pintura y en la literatura donde viene a presentarse una de las más enconadas batallas: la que se da entre quienes obnubilados por la exaltación de lo local, condenan toda apertura a lo exterior, y los consecuentes opositores de una visión tan limitante, esto es, quienes comprenden que el aislamiento en el marco de lo nacional, no hace sino anular toda posibilidad de, dicho con una palabra tradicional: universalización.

Al triunfo de la revolución continua con sus estudios lo cual lo llevan a la formación de un criterio con el cual comenzaría a cuestionarse este progreso el cual parece haberse detenido o más bien estaba fragmentado. Uno de los personajes que influyo de manera importante sobre él fue José Vasconcelos de quien fue secretario privado, durante este tiempo tuvo la oportunidad de ayudar directamente al sistema con una visión completamente nueva y diferente.
Poco o nada les interesan a los “Contemporáneos” los problemas sociales que la nación trata de resolver en el campo de batalla o en las cámaras parlamentarias. Tampoco tratan, como lo hicieron los ateneístas, de imponer a la juventud una disciplina intelectual nueva; su preocupación es personal, su interés, la creación de la obra de arte, o la crítica de esa obra; ése es su horizonte, que pocas veces abandonan.

La precocidad de Contemporáneos es más que un episodio biográfico; surge de la particular disposición intelectual y anímica de cada escritor, pero al convertirse en una precocidad colectiva excede las historias personales provocando una identidad tan particular que cualquiera puede sentir lo que estos escritores plasman en el papel. Quizás parte de esa explicación sea que la revolución alejó del país a los escritores adultos, los cuales se vieron comprometidos con alguna de las facciones vencidas o huyeron por terror a la violencia. Esto fue esencial para que una nueva corriente ideológica pudiese subir y modificar esta cultura y a la vez ser una contracultura para el propio sistema. Por otro lado, el clima poco apto para la vida intelectual y académica que privó en el país, y principalmente en la ciudad de México, encauzó a otras actividades a toda una generación (la de los Siete Sabios), anterior a la de Contemporáneos. Así los jóvenes que andaban por los veinte años cuando Obregón llegó al poder se vieron dueños y señores de la cultura nacional: los grandes escritores viejos y ligados al porfirismo estaban abatidos y desprestigiados, y toda una generación, la intermedia entre el Ateneo de la Juventud y Contemporáneos, no había existido para la literatura. Es por ello que el grupo de los contemporáneos tomó el control, dando un enfoque distinto ala idea de progreso que sé tenia y con ello forjando una identidad con estas experiencias y situaciones cotidianas, sobresaltando las bellezazas que ellos percibían dentro de todo este caos. En París ocurrió algo semejante durante la Primera Guerra mundial: al ser llamados a filas los muchachos mayores de dieciocho años, fueron relevados por sus hermanos de catorce, quince o dieciséis, quienes vivieron a esas edades aventuras y situaciones que de otra manera sólo habrían conocido mucho después. Una novela de Raymond Radiguet, Le Diable au Corps, muestra cómo la súbita ausencia de la población juvenil de dieciocho a treinta años, convierte a un niño de catorce en galán precoz y diestrísimo de una completa historia de amor adúltero. Es decir: todo era para los jóvenes: el prestigio, la fama, el respeto, los puestos, las publicaciones, pues la revolución había barrido "hermanos mayores" que pudieran ocuparlos y jerarquizarlos. De este modo, los veintes fueron un predio para la juventud en la cultura mexicana.

La sociedad mexicana exigió a sus jóvenes mejor dotados y preparados para rápida presencia en la forma de la cultura moderna mexicana; les daba una "misión" heroica. Les habría todo tipo de horizontes y les solicitaba todo tipo de colaboraciones (al contrario de épocas posteriores en la vida mexicana, en la que los muchachos, aunque a los treinta años, siguen viéndose ninguneados, oprimidos en una jerarquía congelada, reducidos a una conducción de perpetuos hijos de familia). Por ello, la exigencia social provocó una exigencia personal: nadie era demasiado joven para ninguna hazaña, para ninguna sabiduría.

El mito de una juventud bella y genial, heroica y todopoderosa, activa, totalmente libre y creadora, no se restringe, por supuesto, a México. De hecho, fue uno de los impulsos universales de principios de siglo, con los cuales se buscaba despertar del fin de siècle tedioso, "decadente" y más o menos suicida. El ideal humanista liberal del hombre adulto (como ser noble, progresista y productivo), fue deteriorándose conforme avanzó el siglo XIX, y dejó de ser el modelo que el arte aspiraba a imponer. El crítico norteamericano Van Wyck Brooks señala cómo el humorismo de Mark Twain ya representa en la literatura y en la historia de los Estados Unidos una bancarrota de la literatura optimista de los Padres Fundadores, sustituyendo al Hombre de Emerson, Thoreau, Whitman, etc.

Los Contemporáneos tomaron para sí este ideal, este mito excesivo. El término juventud representó para contemporáneos un valor emotivo y moral equivalente al que, en decenios posteriores, tendrían términos como desclasado, comprometido, outsider, beatnik, etc. Un término heterodoxo que es en sí mismo un programa de conducta de acción.
En general las ideas de los Contemporáneos en su conjunto no integran una "obra" en el sentido de una totalidad calculada y expresamente construida. Muy por el contrario: está hecha de fragmentos, de notas periodísticas, de comentarios y entrevistas rápidas, de polémicas y páginas privadas de correspondencia y diario. Parecería una miscelánea, un cajón de diversos, sin otra importancia que la de decorar con anécdotas y datos periféricos la importancia central de sus autores como poetas. Con todo, esa obra crítica tiene valor por sí misma; esa retacería, colección informe y desasida de prosas varias, constituye un cuerpo crítico, coherente (sin llegar a ser unitario) y sólido: con mucho, el mayor cuerpo de crítica cultural elaborado en México durante la primera mitad de este siglo.

BIBLIOGRAFÍA
Carlos Pellicer, "Grecia", Breve antología, p. 6 (publicación original: Gladios, México, febrero de 1916, año I, No. 2, p. 130) (Fechado en México, 1914)
Xavier Villaurrutia, "Variedad", en Obras, Fondo de Cultura Económica, México, 1966, 2a. Edición, p. 911.
"Variedad", Obras, p. 608.
Ríos Gascón, narrador. Autor de la novela Tu imagen en el viento (Aldus, 1995)
Los Contemporáneos en el laberinto de la critica Rafael Olea Franco y Anthony Stanton Colegio de México 1994

Citado APA: (A. 2010,07. Carlos Pellicer y los contemporáneos. Revista Ejemplode.com. Obtenido 07, 2010, de https://www.ejemplode.com/41-literatura/1190-carlos_pellicer_y_los_contemporaneos.html)

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