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Ejemplo de Fábula

La fábula es una rama literaria que cuenta historias en las que cosas y animales viven y actúan como lo hacen los seres humanos.

A este tipo de textos se les añade por lo general una moraleja, son cortos y van dirigidos principalmente a niños y jóvenes.

Su estructura es simple, y aunque se puede usar el verso, generalmente está escrita en prosa.

Ejemplo de fábula:

Ostentosa en la punta de una montaña un águila observaba el valle buscando una presa para cazar.


En ese momento salió de entre las hierbas un pequeño gusano, quien viendo a la imponente águila le preguntó:

-- ¿Quién eres tú?
-- Soy un Águila cazadora; (respondió orgullosa) y  ¿Tú qué eres? (preguntó curiosa el Águila)
-- ¡Yo soy un gusano! ¿Y cómo llegaste hasta aquí? “Águila”.

-- Llegue volando. ¿y tu gusano?

-- ¡Yo! Arrastrándome.

Moraleja:
Hasta el más pequeño y humilde puede llegar a lo más alto. Aunque tarde mucho más tiempo y tenga más sacrificios.

Ejemplos de fábulas famosas:

1.- El cuervo y el zorro por Samaniego

En la rama de un árbol,
bien ufano y contento,
con un queso en el pico,
estaba un señor Cuervo.
Del olor atraído,
un Zorro muy maestro
le dijo estas palabras
un poco más o menos:
“¡Tenga usted buenos días,
señor Cuervo, mi dueño!
¡Vaya que estáis donosos,
mono, lindo en extremo!
Yo no gasto lisonjas,
y digo lo que siento;
que si a tu bella traza
corresponde el gorjeo,
juro a la diosa Ceres,
siendo testigo el cielo,
que tu serás el Fénix
de sus vastos imperios”.
Al oír un discurso
tan dulce y halagüeño,
de vanidad llevado,
quiso cantar el Cuervo.
Abrió su negro pico,
dejó caer el queso.
El muy astuto Zorro,
después de haberle preso,
le dijo: “Señor bobo,
pues sin otro alimento,
quedáis con alabanzas
tan hinchado y repleto,
digerid las lisonjas
mientras yo digiero el queso”

(Moraleja)
Quien oye aduladores nunca espere otro premio.

2.- La zorra y el leñador por Esopo

Una zorra estaba siendo perseguida por unos cazadores cuando llegó al sitio de un leñador y le suplicó que la escondiera. El hombre le aconsejó que ingresara a su cabaña.
Casi de inmediato llegaron los cazadores, y le preguntaron al leñador si había visto a la zorra.
El leñador, con la voz les dijo que no, pero con su mano disimuladamente señalaba la cabaña donde se había escondido.
Los cazadores no comprendieron las señas de la mano y se confiaron únicamente en lo dicho con la palabra.
La zorra al verlos marcharse, salió sin decir nada.
Le reprochó el leñador por qué a pesar de haberla salvado, no le daba las gracias, a lo que la zorra respondió:
--Te hubiera dado las gracias si tus manos y tu boca hubieran dicho lo mismo.
 
(Moraleja)
No niegues con tus actos, lo que pregonas con tus palabras.

3.- La gallina de los huevos de oro por Samaniego:

Érase una gallina que ponía un huevo de oro al dueño cada día. Aun con tanta ganancia, mal contento, quiso el rico avariento descubrir de una vez la mina de oro, y hallar en menos tiempo más tesoro.
Matóla; abrióla el vientre de contado; pero después de haberla registrado ¿qué sucedió? Que, muerta la gallina perdió su huevo de oro, y no halló la mina.

(Moraleja)
¡Cuántos hay que teniendo lo bastante, enriquecerse quieren al instante, abrazando proyectos a veces de tan rápidos efectos, que solo en pocos meses, cuando se contemplaban ya marqueses, contando sus millones, se vieron en la calle sin calzones!

4.- La zorra y la liebre por Esopo:

La zorra y la liebre
Dijo un día una liebre a una zorra:
--¿Podrías decirme si realmente es cierto que tienes muchas ganancias, y por qué te llaman la “ganadora”?
Si quieres saberlo –contestó la zorra--, te invito a cenar conmigo.
Aceptó la liebre y la siguió; pero al llegar a casa de doña zorra, vio que no había más cena que la misma liebre. Entonces dijo la liebre:
¡Al fin comprendo para mi desgracia de donde viene tu nombre: no es de tus trabajos, sino de tus engaños!
(Moraleja)
Nunca le pidas lecciones a los tramposos, pues tú mismo serás el tema de la lección.

5.- Fábula de la perla y el diamante por Antonio Narváez:

Dijo la perla al diamante:
--"Valgo mucho más que tú;
de negro carbón naciste,
y yo de la mar azul."
Y le contestó el diamante:
--"Tu mérito es muy común
¡Siempre fuiste y serás blanca!,
¡Yo fui negro y vierto luz!"

(Moraleja)
Nunca juzgues a la ligera los meritos llegan a superar a la virtud.

6.- El león y el ratón por de Esopo:

Dormía tranquilamente un león, cuando un ratón empezó a juguetear encima de su cuerpo. Despertó el león y rápidamente atrapó al ratón; y a punto de ser devorado, le pidió éste que le perdonara, prometiéndole pagarle cumplidamente llegado el momento oportuno. El león echó a reír y lo dejó marchar.
Pocos días después unos cazadores apresaron al rey de la selva y le ataron con una cuerda a un frondoso árbol. Pasó por ahí el ratoncillo, quien al oír los lamentos del león, corrió al lugar y royó la cuerda, dejándolo libre.
Días atrás le dijo, te burlaste de mí pensando que nada podría hacer por ti en agradecimiento. Ahora es bueno que sepas que los pequeños ratones somos agradecidos y cumplidos.

(Moraleja)
Nunca desprecies las promesas de los pequeños honestos. Cuando llegue el momento las cumplirán.

7. La cigarra y la hormiga por Samaniego:

Cantando la Cigarra pasó el verano entero, sin hacer provisiones allá para el invierno; los fríos la obligaron a guardar el silencio y a acogerse al abrigo de su estrecho aposento.
Viose desproveída del preciso sustento: sin mosca, sin gusano,  sin trigo y sin centeno. Habitaba la Hormiga  allí tabique en medio, y con mil expresiones de atención y respeto le dijo: “Doña hormiga, pues que en vuestro granero sobran las provisiones para vuestro alimento, prestad alguna cosa con que viva este invierno esta triste Cigarra, que, alegre en otro tiempo,  nunca conoció el daño, nunca supo temerlo.
No dudeís en prestarme, que fielmente prometo pagaros con ganancias, por el nombre que tengo”.
La codiciosa Hormiga  respondió con denuedo,  ocultando a la espalda las llaves del granero:
“¡Yo prestar lo que gano con un trabajo inmenso! Dime, pues, holgazana, ¿qué has hecho en el buen tiempo?”
“Yo, dijo la Cigarra, a todo pasajero cantaba alegremente, sin cesar ni un momento”
“¡Hala! ¿Con que cantabas cuando yo andaba al remo? Pues ahora, que yo como,  baila, pese a tu cuerpo”.

8. El asno y la perrita faldera por Esopo:

Un granjero fue un día a sus establos a revisar sus bestias de carga: entre ellas se encontraba su asno favorito, el cual siempre estaba bien alimentado y era quien cargaba a su amo. Junto con el granjero venía también su perrita faldera, la cual bailaba a su alrededor, lamía su mano y saltaba alegremente lo mejor que podía. El granjero reviso su bolso y dio a su perrita un delicioso bocado, y se sentó a dar órdenes a sus empleados. La perrita entonces saltó al regazo de su amo y se quedó ahí, parpadeando sus ojos mientras el amo le acariciaba sus orejas.
El asno celoso de ver aquello, se soltó de su jáquima y comenzó a pararse en dos patas tratando de imitar el baile de la perrita. El amo no podía aguantar la risa, y el asno arrimándose a él, puso sus patas sobre los hombros del granjero intentando subirse a su regazo. Los empleados del granjero corrieron inmediatamente con palos y horcas, enseñándole al asno que las toscas actuaciones no son cosa de broma.

(Moraleja)
No nos dejemos llevar del mal consejo que siempre dan los celos injustificados.

9. La rana del pantano y la del camino por Esopo:

Vivía una rana felizmente en un pantano profundo, alejado del camino, mientras su vecina vivía muy orgullosa en una charca al centro del camino.

La del pantano le insistía a su amiga que se fuera a vivir al lado de ella, alejada del camino; que allí estaría mejor y más segura.

Pero no se dejó convencer, diciendo que le era muy difícil abandonar una morada donde ya estaba establecida y satisfecha.

Y sucedió que un día pasó por el camino, sobre la charca, un carretón, y aplastó a la pobre rana que no quiso aceptar el mudarse.

(Moraleja)
Si tienes la oportunidad de mejorar tu posición, no la rechaces

10. El águila y el escarabajo por Esopo:

Estaba una liebre siendo perseguida por un águila, y viéndose perdida pidió ayuda a un escarabajo, suplicándole que le salvara.

Le pidió el escarabajo al águila que perdonara a su amiga. Pero el águila, despreciando la insignificancia del escarabajo, devoró a la liebre en su presencia.

Desde entonces, buscando vengarse, el escarabajo observaba los lugares donde el águila ponía sus huevos, y haciéndolos rodar, los tiraba a tierra. Viéndose el águila echada del lugar a donde quiera que fuera, recurrió a Zeus pidiéndole un lugar seguro para depositar sus futuros pequeñuelos.

Le ofreció Zeus colocarlos en su regazo, pero el escarabajo, viendo la táctica escapatoria, hizo una bolita de barro, voló y la dejó caer sobre el regazo de Zeus. Se levantó entonces Zeus para sacudirse aquella suciedad, y tiró por tierra los huevos sin darse cuenta. Por eso desde entonces, las águilas no ponen huevos en la época en que salen a volar los escarabajos.

(Moraleja)
Nunca desprecies lo que parece insignificante, pues no hay ser tan débil que no pueda alcanzarte.

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Por : Victor

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Comentarios:

  1. Está bueno.
    Por marcos 10.07.13 a las 11:15:53
    1. Me gusta mucho la explicación.
      Por jessica 02.27.13 a las 18:27:20

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