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Ejemplo de Drama

La palabra drama es de origen griego, se origina en el verbo “drao,” que significaba “yo hago”, entendiéndose a “hacer,” o “actuar,” refiriéndose a una representación teatral, en un principio abarcando tanto las tragedias, como las comedias.

El drama en la actualidad.

 Se entiende como drama a un género literario y a la representación de una determinada obra por actores, quienes desarrollan en drama, entendiéndose éste, como una trama por lo regular trágica en la que los actores caractericen personajes y dialoguen entre sí, dentro del mismo contexto, actuando en base a un argumento.

También se le llama drama al argumento literario en el que los distintos diálogos entre distintos personajes interactúan, en un sentido trágico, argumento que puede ser utilizado en adaptaciones para teatro dramático, o para radionovelas, películas o programas de televisión e internet, que tengan la finalidad de entretener al público con el drama en cuestión, haciendo adaptaciones para su mejor comprensión y empatía respecto de la situación de los personajes del drama del que se trate.

Ejemplos de obras dramáticas:

Obras teatrales como:

Edipo rey, Antígona, Electra, Edipo en colono, Filoctetes, las Traquinias, Áyax,

Medea, Hipólito, Electra, Orestes, las troyanas, las bacantes,

Romeo y Julieta, Hamlet, Macbeth, Otelo, El rey Lear.

Ejemplo de Drama:

Novela

La desgracia de Andrea.

Escrita Por Diabul.  

Andrea era una muchacha de preparatoria, no muy diferente a las demás; vivía en un pueblo cercano a una populosa ciudad. Era una muchacha bonita que le gustaba estar en todas las fiestas, salía con sus amigas de compras y cada cierto tiempo cambiaba de novio. Era frívola y egoísta, si bien era buena estudiante y según sus padres y maestros tenía “futuro prometedor”. Pero ella prefería enfocar su vida en banalidades.

Era la muchacha más notoria del pueblo, pues no había día en que no hablase alguien de ella.

Pasado el tiempo, después de haber humillado a muchos jóvenes haciéndolos sus novios, tratándolos como cosas sin valor, y desechándolos al poco tiempo, varios de ellos decidieron “hacerle pagar” de una forma cobarde y ruin. Se hicieron pasar por sus mejores amigos, como si nunca hubieran tenido problemas con ella, hasta que en una fiesta la emborracharon y drogaron, para posteriormente ultrajarla y venderla a un tratante de blancas. El truhán se la llevó del pueblo a la capital, a una casa de placer en donde la humillaban y golpeaban todos los días. Hasta el día que ella quedó embarazada y ya no les fue útil, arrojándola a la calle como si fuera un perro. Comenzó a vagar por las calles, robando comida de los puestos callejeros o comiendo de los basureros; vistiendo harapientas ropas, y durmiendo entre basura, calentándose entre los perros.

Una noche tormentosa y helada comenzó a sentir los dolores del parto, y el sonido atronador de la tempestad impedía que un alma escuchara sus súplicas y gemidos.

Ella gritaba…

-¡Auxilio, por favor ayúdenme! - Pero la tormenta encubría sus lamentos- ¡Ayuda, por favor!…

Pero nadie la escuchaba. Parecía que tendría a su hijo en la calle como si fuera un simple animal al cual nadie quisiera.

 Pero, entonces…

…Un hombre se acercó, y preguntó en voz alta.

-¿Quién eres? ¿En dónde estás?

¡Por fin! Alguien se apiadaba de ella.

El hombre escuchando los lamentos dolorosos de la parturienta, trató de acercarse poco a poco, hasta que llegó con ella y le preguntó.

-¿Qué es lo que te pasa? ¿Quién eres? ¿Cómo te llamas?

El hombre llevaba un bastón y un paraguas, utilizaba unos anteojos negros cubriéndose con una gabardina que le llegaba hasta los zapatos. Mientras sacaba del bolsillo un celular, Andrea le gritó llena de dolor y frustración:

-¿Acaso está ciego? ¿Que no ve que estoy dando a luz? ¡Ayúdeme por favor!

El hombre se acercó más, y le dijo.

- Así es, soy ciego. Te voy a ayudar, mi casa está aquí mismo. - Dándole el celular- -Este celular es especial para invidentes, en él hay tres botones grandes, aprieta el de en medio, es para llamar a emergencias.

Mientras decía esto el ciego levantaba en sus brazos a la joven, llevándola a su casa, que estaba justo a unos metros. El ciego conocía de memoria el camino, así que no tuvo problemas en llegar con la mujer en sus brazos.

Al llegar, la depositó suavemente en un amplio sofá que estaba en la sala, y se quedó con ella hasta que llegaron la ambulancia y la policía.

Mientras llegaban los auxilios, él le preguntó su nombre.

- Me llamo Andrea Suarez del Olivar.

Cuando llegó la ambulancia, la llevaron al hospital en donde la atendieron, y dio a luz a dos criaturas, un niño y una niña. En el hospital creyeron que aquel hombre era el padre, así que mientras atendían a Andrea, le preguntaron su nombre, y les dijo:

– Mi nombre es Adalberto Robles del Rincón.

Las enfermeras apuntaron su nombre como el del padre.

A los tres días, cuando la joven ya estaba dada de alta, y le entregaron a sus bebés, ella les dijo a las enfermeras que no tenía dinero, a lo cual ellas solo respondieron con una sonrisa.

Luego cuando la llevaron a la salida en una silla de ruedas, se detuvieron en la sala de espera, en donde estaba aquel hombre ciego que la había socorrido. Ella saludó tímidamente y agradeció su ayuda diciendo:

-Le agradezco de todo corazón su ayuda, pero ni siquiera sé su nombre.

A lo que él contestó:

-Mi nombre es Adalberto Robles del Rincón.

- Señor, no tengo con que pagar los gastos, ni como pagarle su ayuda.

-De eso no te preocupes, de lo único que debes preocuparte es de tus hijos. -Y para cambiar la conversación le preguntó.- Por cierto, ¿ya pensaste en un nombre para los pequeños?

Aún no.

-Bueno, sé que pensarás un nombre adecuado para esos angelitos.

Sin que Andrea, se lo pidiera, Adalberto (ahora sabía el nombre de quien la ayudó) le dijo que se quedara en su casa, mientras se recuperaba.

Ella aceptó, pues no tenía nada ni nadie con quien ir, y con dos hijos sería imposible sobrevivir en las calles.

Pasado el tiempo, ella se quedó en la casa de Adalberto como ama de llaves, arreglaba todo lo necesario en la casa: hacía la comida, lavaba y limpiaba, además de cuidar a sus hijos. Era una casona algo avejentada y descuidada, pero se notaba que tuvo mejores tiempos; era grande y espaciosa con jardines amplios, una fuente y cerca de la fuente, una banca en la que se sentaba Adalberto a tomar el sol y a escuchar los libros que de vez en cuando le pedía a Andrea que le leyera. Vivieron mucho tiempo como una familia, Andrea cuidaba a sus hijos y a Adalberto, y Adalberto trataba a los niños como propios.

Durante este tiempo, Andrea pensaba si debería ir en busca de sus padres, pero finalmente decidió no hacerlo, pensó que lo mejor sería iniciar una nueva vida, y olvidar el pasado por completo, al fin y al cabo ya era feliz y se conformaba con esa apacible existencia.

Y así transcurrieron varias semanas, en una vida apacible, pero…

…Un día él la invitó a cenar a un restorán. Al salir ella notó que había algo extraño en esa invitación, pues le pidió enfáticamente que llevara a los niños, para lo cual Adalberto le regaló una carriola nueva y lujosa, y le había dado dinero para que se comprara un vestido de noche. Al salir vio que había una limosina estacionada y Adalberto la esperaba en ella, ella le preguntó:

-¿señor, porque hace tanto gasto en mí y mis hijos si ni siquiera somos parientes?

Él contestó:

-Por favor sube, Después hablaremos con calma.

Llegaron al restorán y Adalberto le pidió que lo guiara a la mesa, y que pusiera la carriola de los niños entre su lugar y el de ella. Ella no dio importancia en un principio, hasta que llegaron varias personas elegantemente vestidas quienes tomaron asiento.

Entonces Adalberto habló.

 -Hola, ¿Cómo están, mi querida parentela? Seguramente están deseosos de que yo ya los haya incluido en mi testamento, ¿Verdad? Sé que algunos de ustedes sobornaron a mis médicos para que les dieran información sobre mí salud. De antemano sé que ustedes son una bandada de buitres que solo esperan ver mis despojos para arrojarse sobre mis bienes…

…Pero no. ¡No dejaré que hagan eso! ¿Ven a esta mujer que está a mi lado? Ella heredará mi fortuna, ella y estos niños que están junto a mí. Ella es mi esposa, y ahora que ya lo saben, sepan también de una vez por todas, que no les dejaré nada, absolutamente nada a ustedes…

…Y a ti Luis, que sé que fuiste tú quien sobornó a mi médico para que te dijera lo que le es secreto…

-tras una breve pausa continuó - …Sí. Tengo cáncer terminal. Y sí, la ceguera que tengo desde hace un año es a causa de ello. No viviré más de 4 meses, por culpa de un maldito tumor en mi cerebro. Pero sépanlo bien, todo mi dinero será para esta mujer y para sus hijos, y no podrán quedarse nada.

En ese momento Adalberto se sentó de nuevo, y continuó hablando de la misma forma hacia aquellos parientes a los que despreciaba tanto.

-Previamente a esta pequeña reunión familiar, cambié mi testamento, la mitad de mis bienes y fortuna pasarán a esta mujer, y la otra mitad, a estas criaturas, para que ustedes, zopilotes carroñeros, no les quiten nada a estos niños, todo su dinero está en un fideicomiso, el cual solamente su madre y mi abogado pueden manejar, a favor de estos niños.

En ese momento los parientes de Adalberto comenzaron a vociferar.

Héctor -¡no tienes derecho a quitarnos ese dinero!

Teresa -¡es un atropello!

Efraín -¡Eso no puede ser!

Luis- jajaja ¡esto es una broma!

Ricardo -Pagarán con creses Adalberto, tú y esa mujer.

Andrea no salía de su asombro, sólo podía observar a sus hijos, ensordecida por las vociferaciones de los parientes de Adalberto, y recordando su vida hasta ese momento.

Pasaban por su mente las imágenes de cuando estaba en su pueblo y era una bella estudiante, las fiestas y las tonterías que hacía, las burlas que hacía a los hombres; la forma en que la ultrajaron, el horror de la casa de citas, la crueldad de la humanidad ante la miseria de la calle, y lo que había pasado desde que fue rescatada por aquel ciego; cómo en los últimos meses (casi un año) ella vivió con ese desconocido bajo su techo, como una familia junto a sus hijos, a pesar de que ella le había contado toda su vida, sin sentir vergüenza ni lástima por ella, y por el contrario, él amaba a sus hijos y también a ella, teniendo un hogar y siendo tratada como un ser humano; en ese momento ella se levantó de la silla y gritó:

-¡Cállense! No los conozco, ¡Pero sí conozco a Adalberto quien es la única persona que me ha querido en este mundo! No sé por qué lo odien tanto pero yo no permitiré que le hagan daño.

Entonces tomó del brazo a Adalberto, tomó la carriola y se dirigió a la salida, cuando alguien se acercó a ella y le dijo:

- yo estoy de acuerdo contigo, esos son buitres y hienas.

 Al escuchar Adalberto la voz de aquel joven dijo:

-¿Eres tú Oscar?

-Sí, soy yo.

- No creí que estuvieras junto a esas hienas.

-Yo no vine con esos zopilotes, vine porque hace una semana me hablaste de esta reunión. No vine con ellos, llegué hace un rato, pero sí llegué a tiempo para escuchar tu pequeño discurso… ¡ja ja ja ja ja ja! Estuviste genial primo.

–En verdad se lo merecían.

-Tienes razón, ellos solo buscan como quedarse lo ajeno.

– Sí, es verdad.

-¿Oye primo, Cuándo te casaste? Nunca me avisaste.

-¡Ah!, no te preocupes llegas a tiempo para eso.

-¿Perdón? No te entiendo.

- Es simple, aun no me he casado con esta muchacha.

-¿Qué? Y ¿entonces…?

-Todo esto lo preparé para hacerles pasar un mal rato a esos buitres.

-Entonces ella, y los niños ¿no son tu familia?

-Si lo son, pero no legalmente, aún.

-No entiendo, explícate.

Hoy preparé todo para casarme con ella y adoptar a los niños, y con respecto al testamento todo está arreglado con el licenciado Gutiérrez.

En eso Andrea sólo veía y escuchaba lo que decían.

-¿Disculpe señor Adalberto? No entiendo.

-No te preocupes, en el camino te explico.

Subieron los tres a la limosina, y también subieron a los bebés poniéndolos en los brazos de su madre.

Y en el camino Adalberto explicó su plan a Andrea, y a Oscar.

Como él ya estaba desahuciado, y como era rico, decidió darle todo a aquella muchacha a quien rescató de la calle, y a sus hijos, pues habían convivido como una familia en la misma casa con ellos y se sintió como tener una familia, una familia diferente a los parientes que tenía en la realidad, quienes solo buscaban su conveniencia, y los bienes que no han trabajado. Así que arregló todo para dejarles todo a Andrea y sus hijos, pero quiso hacerles pasar un mal rato a los familiares haciéndoles venir, diciéndoles que había hecho un testamento y que les interesaba venir a enterarse del mismo. ¡Todo para burlarse de ellos!, pero también les explicó que unos días antes llamó a su primo Oscar, (que es el único pariente en el que confía), y el único que no codicia su herencia tanto por ser él mismo rico, como por que no tiene la malicia de los demás parientes; llamándole para pedirle que junto con el licenciado Mauricio Gutiérrez, velaran por Andrea y sus hijos, de las insidias y agresiones de los parientes celosos.

Cuando llegaron al registro civil, ya estaba todo dispuesto para celebrar el matrimonio; el licenciado Gutiérrez ya tenía preparada la adopción de las creaturas, y Oscar fue testigo de todo, junto con algunos allegados del licenciado Gutiérrez.

Pasados algunos meses, la salud de Adalberto empeoró.

Entonces los parientes comenzaron con demandas para quitarles los derechos a Andrea, y a sus hijos, pero ninguna prosperó porque es legalmente imposible.

Entonces Ricardo, uno de los parientes más interesados en la fortuna; hizo investigaciones sobre el pasado de Andrea, pero únicamente pudieron informarle sobre la casa de citas. El día que fue a la casa de Adalberto amenazó a Andrea con divulgar su pasado. Adalberto a pesar de estar gravemente enfermo, se dio cuenta de lo que sucedía. Tomó un cuchillo que guardaba en su buró y lo ocultó bajo la manga de su bata. Llamó a Ricardo, quien llegó amenazante imprecando que su esposa es una mujer indigna. Luego de unos minutos de discusión, Adalberto simuló darle la razón y reconciliarse con Ricardo, por lo que le pidió que se acercara para darle un abrazo. En ese momento sacó el cuchillo de su manga, dándole varias puñaladas; en el forcejeo Ricardo lanzó al suelo a Adalberto, lo cual no le valió mucho a Ricardo, pues por las heridas recibidas en el costado izquierdo y en el cuello, rápidamente murió desangrado. El golpe precipitó la muerte de Adalberto. Cuando entraron Andrea, quien estaba en la sala, y Oscar que estaba en otra habitación, vieron a los dos tirados en el suelo, y el charco de sangre alrededor de Ricardo.

 Andrea dio un grito horrorizada mientras abrazaba a Adalberto:

- ¡Aaah! ¡Nooo! ¿Por qué? ¿Por qué? ¡Adalbertoooo¡

-No te preocupes por mí, estaré bien. Dale a los niños un beso de mi parte – Dijo con su último aliento-

Oscar llamó a una ambulancia, pero cuando llegó, ya era tarde. Ambos estaban muertos.

En los funerales, las indirectas, injurias y calumnias no se hicieron esperar.

Pronto comenzaron a agredir de distintas maneras.

Héctor, uno de los tíos de Adalberto trató en varias ocasiones de nulificar el testamento, pero el licenciado Gutiérrez y Oscar detuvieron todos sus intentos.

Efraín intentó convencer al licenciado Gutiérrez y a Oscar de que Andrea era una entrometida, que sólo quería la fortuna de Adalberto y que por eso se había casado con él, pero como el licenciado Gutiérrez y Oscar conocían la verdad de todo aquello, ignoraron sus insidias.

Teresa, que era tía de Adalberto, (y la más intrigante de sus parientes), hizo como si quisiera “reconciliarse”, con toda la familia, y durante meses buscó hacer amistad con Andrea, hasta que a fuerza de insistir la convenció de su supuesta sinceridad.

Poco a poco fue inmiscuyéndose en la vida de Andrea y sus hijos, hasta hacerse su amiga y confidente. Andrea comenzó a decirle las penas de su vida y Teresa le recomendó que fuera con un psiquiatra amigo suyo, para que la tratara., a lo cual accedió inocentemente Andrea, creyendo en la sinceridad de la ayuda que le ofrecía Teresa.

Previamente Teresa se había puesto de acuerdo con el psiquiatra para dañar a Andrea, e ingresarla en una institución mental en la cual trabajaba el psiquiatra.

Aprovecharon que Oscar salió a un viaje de negocios al extranjero, y que el licenciado Gutiérrez viajó a Guadalajara, para poder hacer su simulación, e ingresar en la institución mental a Andrea, hacer un juicio de interdicción para ponerla como incapacitada mentalmente para administrar sus bienes y tener el cuidado de sus hijos.

Oscar regresó una semana antes de lo esperado, y se enteró en donde estaba recluida Andrea y llamó al licenciado Gutiérrez avisándole de lo sucedido.

Investigaron sobre el proceso contra Andrea y tomaron acciones legales para contrarrestar lo hecho por Teresa, sus parientes y el psiquiatra, descubriendo accidentalmente que ya habían hecho lo mismo en otros casos; con lo cual lograron no sólo salvar a Andrea, sino a otras personas a las que habían engañado para que el psiquiatra junto con algunos familiares, engañaban a las personas para recluirlas en la institución mental, para adueñarse de sus bienes. El psiquiatra y los familiares de Teresa fueron encarcelados.

Pasados unos meses, y liberados de las arpías familiares, Oscar fue a la casa de Andrea y quiso hablar con ella.

– Hola Andrea, ¿Cómo has estado?

- Ya estoy mejor, ¡gracias!

-¿Cómo están tus hijos?

- Están bien, ya están por entrar al kínder.

-Dime, ¿sabes por qué he venido?

- No, ¿por qué?, ¿a qué viniste?

-Vine porque me he dado cuenta de algo muy importante.

- ¿Algo muy importante?

- Sí, algo muy importante, que te concierne a ti.

- Y ¿qué es?

-Decirte algo muy importante de lo que me he dado cuenta desde hace mucho tiempo.

- Dime.

- Decirte que te amo, y quiero que te cases conmigo.

-¿En serio?

- Sí, dime ¿qué dices?

- Sí acepto. Te he estimo desde que te vi por primera vez en el restorán, y tu desinterés por y tu ayuda durante todo este tiempo han hecho que me enamore de ti, pero nunca dije nada, creí que mi amor no era correspondido.

- ¿Aceptas?

- Sí.

Por fin la protagonista de esta historia tuvo una vida en la que ya no sufrió tragedias, una vida feliz con su familia.

Fin

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Por : Morris

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