Inicio » Clases de Español » Poesía dramática

Ejemplo de Poesía dramática

La poesía dramática, es aquella poesía que se enfoca en las obras de teatro principalmente en las tragedias o propiamente dramas, en las que mezclan lo irónico con las adversidades del drama. En este tipo de poesía se realizan con diálogos entre los personajes. La contraparte de esta poesía, es la comedia, aunque pertenece a esta misma rama y en la que el final es feliz o por lo menos no es trágico.

La poesía dramática, tiene su origen en Grecia y la palabra dramática deriva del griego “dramatikos”. Originalmente se hablaba en latín para que los vieran los romanos.

Algunos autores antiguos reconocidos fueron:

Plauto

Terencio y

Seneca.

Ejemplo de poesía dramática:

“Fragmento del eunuco de Publio Terencio Africano”

Acto I

Escena I

FEDRO, PARMENÓN.

FEDRO.- ¿Pues qué haré? ¿Será bien que vaya ahora que ella de su
voluntad me llama, o será mejor que me esfuerce a no sufrir afrentas
de rameras? Echome y ahora me torna a llamar: ¿Volveré? No, así me
lo ruegue.

PARMENÓN.- A fe, a fe que si tú pudieses hacer eso, nada mejor ni
más propio de un hombre. Pero si lo emprendes y no perseveras en
ello firmemente, cuando no pudiéndolo tú sufrir, sin llamarte nadie
y sin hacer las paces, vinieres a su casa mostrando que la amas y
que no puedes soportar su ausencia, acabado has, no hay más que
hacer, perdido eres. Burlarse ha de ti cuando te sintiere rendido.

FEDRO.- Por tanto, tú, ahora que es tiempo, míralo muy bien.

PARMENÓN.- Señor, cuando la cosa en sí no tiene consejo, ni manera
ninguna, nadie puede regirla ni tratarla con consejo. En el amor hay
todas estas faltas: agravios, sospechas, enemistades, treguas,
guerras, luego paces. Quien cosas tan inciertas pretendiese regirlas
con razón cierta, sería como quien quisiese hacer el loco con buen
seso. Y todo eso que tú ahora piensas entre ti, muy colérico y
airado: «¿Yo... a una mujer que al otro... que a mí... que no...?
Poco a poco; ¡más quiero morir! Ya verá quién soy yo»; todas estas
palabras las pagará ella, a buena fe, con una falsa lagrimilla, que,
a fuerza de restregarse los ojos, hará ella salir por fuerza, y te
acusarás a ti mismo, y tú voluntariamente le darás de ti entera
venganza.

FEDRO.- ¡Oh, qué indignidad! Ahora entiendo yo cuán gran bellaca es
ella, y yo cuán mísero: y me enfado, y me abraso en su amor, y a
sabiendas, en mi juicio, vivo, y viéndolo yo, me pierdo, y no sé qué
me haga.

PARMENÓN.- ¿Qué has de hacer, sino, pues estás cautivo, rescatarte
por lo menos que pudieres; y si no pudieres por poco, por lo que
pudieres, y no afligirte?

FEDRO.- ¿Eso me aconsejas?

PARMENÓN. Sí, si eres cuerdo. Y que no aliadas más pesadumbres a
las que el mismo amor se trae consigo, y que las que él trae, las
sufras con valor. (Indicando a TAIS, que en este momento sale de su
casa.) Pero hela dónde sale la piedra de nuestra granja; pues lo
que nosotros habíamos de medrar ella lo rapa.

¡Ayúdanos a ayudarte! Por favor comparte este artículo.

  
Por : Morris

Búsqueda:

Búsqueda personalizada

Deja un comentario

Tweet