Ejemplos clasificados

Texto argumentativo: 5 ejemplos completos y estructura

Cinco textos completos sobre situaciones cotidianas y escolares. Reconoce la postura, sigue sus razones y observa cómo responder a una objeción.

Editorial Ejemplode 13 min Nivel básico
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Un texto argumentativo defiende una postura con razones. Presenta una tesis, desarrolla argumentos y llega a una conclusión coherente con ellos.

    Defender una idea no consiste en repetirla con más fuerza. El lector necesita entender qué propones, por qué tus razones la apoyan y hasta dónde llega tu conclusión. Los siguientes textos muestran ese recorrido completo, no solo frases sueltas.

    Así funciona

    Ejemplo rápido

    La biblioteca debería permitir renovar un préstamo si nadie ha reservado el libro: así quien lo necesita puede terminar de leer sin impedir que otra persona acceda a él.

    La propuesta es ampliar el préstamo; la razón es permitir terminar la lectura, y la condición es no perjudicar una reserva.

    Qué es un texto argumentativo

    Un texto argumentativo defiende o cuestiona una postura mediante razones. Su idea central es la tesis; los argumentos explican por qué debería aceptarse. Puede incorporar datos, ejemplos y objeciones, pero no basta con expresar una preferencia.

    Un párrafo argumentativo trabaja esa relación dentro de una unidad breve. Aquí veremos textos completos: cada párrafo cumple una función dentro del conjunto.

    5 ejemplos de textos argumentativos completos

    Son textos originales de práctica, con situaciones cotidianas y escolares. Varían de tres a seis párrafos para mostrar distintos grados de desarrollo. La explicación que acompaña a cada uno no forma parte del texto copiable.

    1. Celulares en clase: una regla con excepciones

    La escuela debería mantener los celulares guardados durante las explicaciones y permitir su uso cuando una actividad lo requiera. Una prohibición absoluta resulta difícil de justificar si el mismo dispositivo puede servir para consultar un diccionario, fotografiar un experimento o utilizar una herramienta de accesibilidad. La regla necesita distinguir para qué se usa, no solo si está encendido.

    Durante una explicación, una conversación ajena a la tarea puede interrumpir a quien escribe y a quien recibe el mensaje. Aunque no todos reaccionen igual, el profesor necesita unas condiciones comunes para trabajar. Pedir que los teléfonos permanezcan guardados en ese momento es una medida concreta que se puede explicar y comprobar.

    En cambio, cuando la tarea consiste en comparar titulares o consultar una fuente, el teléfono puede formar parte del material. En esos casos conviene anunciar el objetivo, el tiempo disponible y el resultado esperado. Si un alumno no tiene dispositivo, la escuela debe ofrecer una alternativa para que la actividad no dependa de lo que cada familia pueda comprar.

    Quienes prefieren prohibirlos por completo señalan que vigilar las excepciones consume tiempo. Es una objeción atendible: una norma ambigua puede generar discusiones constantes. Sin embargo, se puede reducir ese problema con una indicación visible de cuándo se permite el uso y con excepciones acordadas para necesidades de accesibilidad o comunicación urgente.

    Por estas razones, propongo una norma de uso limitado y explícito, revisada al terminar el primer periodo escolar. Si las interrupciones continúan, habrá que corregir su aplicación; si una actividad necesita tecnología, habrá que justificarla. El objetivo no es defender ni rechazar el aparato, sino proteger el aprendizaje sin renunciar a herramientas que puedan ser útiles.

    Por qué funciona: La tesis propone un uso limitado, no una defensa incondicional del celular. El desarrollo separa dos situaciones, responde a la dificultad de vigilancia y termina con una condición de revisión. No atribuye porcentajes de distracción a estudios inexistentes.

    2. Un parque para más de una actividad

    Convertir toda la plaza del barrio en una cancha resolvería una necesidad, pero eliminaría otras. Propongo conservar una zona de juego, otra de descanso y un espacio libre para actividades temporales. El parque es compartido y su diseño debe permitir que lo utilicen personas con intereses y capacidades diferentes.

    Una cancha ocupa un área con límites y reglas propias: mientras se juega, atravesarla o sentarse en ella puede interferir con la actividad. Una zona de descanso cumple otra función. Si todo el espacio se destina al deporte, quien necesita un lugar tranquilo queda sin alternativa dentro de la plaza. Dividir los usos evita que una sola actividad decida por todas las demás.

    Es cierto que repartir un terreno pequeño puede dejar una cancha insuficiente. Por eso, antes de construir, deben medirse las superficies y revisar las condiciones de acceso. Si no caben zonas separadas, puede conservarse un espacio polivalente con horarios acordados, en lugar de instalar de inmediato una estructura que no admita otros usos.

    La decisión, por tanto, no debería reducirse a votar cancha sí o cancha no. Un plano con medidas, alternativas y costos permitiría discutir qué combinación funciona en ese lugar. Defiendo un parque de uso compartido, siempre que la distribución sea viable y no convierta el acceso de unos vecinos en la exclusión de otros.

    Por qué funciona: El texto justifica una propuesta mediante sus consecuencias para distintos usuarios. Reconoce la limitación del terreno y ofrece una alternativa condicionada. Las medidas y los costos se solicitan antes de decidir; no se presentan datos imaginarios como evidencia.

    3. Las tareas no deberían depender de una conexión permanente

    Una plataforma puede facilitar la entrega de tareas, pero no debería convertirse en la única vía para realizarlas y presentarlas. La escuela debe ofrecer una alternativa accesible cuando la actividad no exige, por su propio objetivo, trabajar en línea. Así se evalúa lo aprendido y no la disponibilidad de conexión en una hora determinada.

    Pensemos en dos estudiantes que han resuelto los mismos ejercicios: uno consigue subir el archivo y otro no puede entrar a la plataforma. Si el trabajo del segundo se rechaza sin revisarlo, la diferencia de calificación no describe necesariamente su dominio del tema. El procedimiento de entrega ha pasado a pesar más que el aprendizaje que se pretendía comprobar.

    Permitir alternativas tampoco significa recibir cualquier trabajo de cualquier manera. El profesor puede fijar una fecha, identificar al autor y exigir el mismo contenido, tanto en un archivo enviado posteriormente como en una hoja entregada en clase. Las condiciones deben conocerse antes de que aparezca un problema, no depender de una negociación distinta para cada alumno.

    La objeción más fuerte es la carga de revisar varios canales. Centralizar los archivos ayuda a organizar la evaluación. Por eso no propongo abandonar la plataforma, sino conservarla como vía principal y establecer un procedimiento de respaldo limitado: avisar de la incidencia y entregar por el medio acordado dentro de un plazo definido.

    También hay actividades cuyo aprendizaje requiere precisamente una herramienta digital. En ellas no basta con sustituir la tarea por una hoja: hace falta organizar acceso a los equipos, tiempo de práctica o una solución que mantenga el objetivo. La alternativa debe resolver la barrera sin eliminar lo que se necesita aprender.

    En conclusión, una buena política de entrega combina una vía habitual con respuestas previsibles ante las dificultades. La tecnología debe ayudar a demostrar conocimientos, no impedir que un trabajo terminado llegue a evaluarse. Mantener criterios equivalentes y anunciar las excepciones permite defender esa equidad sin renunciar al orden.

    Por qué funciona: Es el ejemplo más desarrollado: plantea la tesis, muestra una comparación, concreta una solución, responde a una objeción y distingue una excepción. El caso de los dos estudiantes es una situación ilustrativa, no una estadística sobre todas las escuelas.

    4. Antes de reemplazar, pedir un diagnóstico

    Antes de sustituir un objeto averiado, conviene averiguar si puede repararse y en qué condiciones. No sostengo que reparar sea siempre más barato ni que cualquier reparación valga la pena. Defiendo una decisión informada: conocer el fallo, el costo y la seguridad de la solución antes de comprar otro objeto.

    Por ejemplo, una mochila con una cremallera dañada no tiene el mismo problema que una herramienta cuya estructura se ha roto. En el primer caso, pedir un presupuesto permite comparar una reparación concreta con una compra nueva. En el segundo, la seguridad puede volver inadecuada una solución improvisada. Tratar ambas averías como si fueran iguales conduce a decisiones poco cuidadosas.

    Es razonable objetar que diagnosticar también cuesta tiempo o dinero. Ese costo debe formar parte de la comparación, junto con la garantía y la utilidad esperada. Por eso propongo preguntar primero cuando el diagnóstico sea accesible y el objeto conserve valor de uso. Reparar es una opción que debe evaluarse, no una obligación que haya que defender en cualquier circunstancia.

    Por qué funciona: En tres párrafos se completa una argumentación acotada. La comparación distingue daños y la conclusión limita la recomendación. No convierte una preferencia por reparar en una promesa universal de ahorro.

    5. Leer una obra completa, aunque se conozca el argumento

    Leer un resumen antes de una novela puede ayudar a orientarse, pero no debería sustituir la lectura de la obra cuando el propósito es analizar cómo está escrita. Conocer qué sucede no equivale a observar cómo una voz narrativa selecciona la información, cómo habla un personaje o cómo cambia el ritmo de una escena.

    Si una actividad pide explicar por qué un personaje resulta ambiguo, saber únicamente lo que hizo deja fuera parte del problema. Hay que examinar qué dice, qué calla y quién describe sus actos. Un resumen puede anunciar que hubo una traición; el texto completo permite discutir si el relato la confirma, la insinúa o deja al lector ante versiones incompatibles.

    Se puede objetar que algunas obras son difíciles y que comenzar sin apoyo desalienta. Precisamente por eso el resumen, las notas y la conversación en clase pueden funcionar como ayudas. No es necesario elegir entre leer sin orientación y reemplazar la obra: conviene acompañar los pasajes difíciles y justificar las interpretaciones con fragmentos concretos.

    Por tanto, el uso del resumen debe depender de la tarea. Si se necesita recordar la secuencia de hechos, puede ser suficiente; si se quiere analizar la experiencia literaria, habrá que volver a las palabras del autor. La lectura completa no se justifica por una exigencia vacía, sino porque ofrece la evidencia que ese tipo de análisis requiere.

    Por qué funciona: La tesis se limita al análisis de una obra y no descalifica todos los usos del resumen. El segundo párrafo explica qué evidencia se perdería; el tercero acepta una dificultad real y propone una respuesta. El cierre distingue objetivos de lectura.

    Estructura: de la postura a la conclusión

    1. Introducción: delimita el problema y orienta al lector. La tesis puede anunciarse aquí, como en los ejemplos, aunque no es su única posición posible.
    2. Desarrollo: conecta razones, evidencias y ejemplos con la postura. Una objeción puede obligarte a responder o a limitar la propuesta.
    3. Conclusión: recoge lo que el desarrollo permite sostener; puede cerrar con una propuesta o una condición, sin introducir una prueba decisiva que nunca se explicó.

    Este esquema sirve para planificar; no obliga a escribir exactamente tres párrafos. En el texto de las tareas escolares, varios párrafos desarrollan partes distintas de una misma defensa.

    Características que puedes reconocer

    • Una postura discutible: «el parque debe admitir varios usos» permite plantear alternativas; nombrar el parque no es una tesis.
    • Razones pertinentes: el problema de acceso a una tarea justifica revisar su entrega; el color de la plataforma no lo justifica.
    • Relaciones claras: «porque» introduce una razón; «sin embargo», un contraste; «por tanto», una consecuencia que debe seguirse de lo anterior.
    • Alcance delimitado: recomendar un diagnóstico no demuestra que todas las reparaciones convengan.

    La argumentación puede convivir con una descripción o una explicación. Describir una avería prepara el caso; defender qué conviene hacer con ella cumple otra función.

    Cómo escribir uno sin quedarte en una opinión

    1. Convierte el tema en una pregunta concreta: no «tecnología», sino «¿debe ser la plataforma la única vía de entrega?».
    2. Redacta una respuesta defendible. La guía de tesis y su formulación desarrolla ese paso.
    3. Anota dos razones distintas y explica cómo apoyan la respuesta. No cuentes dos reformulaciones de la misma idea como dos argumentos.
    4. Busca evidencia cuando afirmes hechos: identifica fuente, fecha y qué demuestra realmente. Si usas un caso supuesto, no lo presentes como un resultado observado.
    5. Formula la objeción más relevante y respóndela con honestidad. Si tiene razón en parte, ajusta el alcance.
    6. Revisa el cierre: ¿sostiene la postura inicial, la matiza o propone una decisión distinta? Haz visible esa relación.

    Errores frecuentes

    • Confundir el tema con la tesis: «los parques» no expresa qué se defiende.
    • Inventar cifras, estudios o citas para dar apariencia de autoridad.
    • Usar un ejemplo aislado como prueba de que algo sucede siempre.
    • Descalificar a quien discrepa en vez de responder a su objeción.
    • Añadir conectores sin comprobar que las ideas guarden esa relación.
    • Cerrar con una conclusión más amplia que las razones presentadas.

    Preguntas frecuentes

    ¿Se puede escribir en primera persona?

    Sí, si el género y la consigna lo permiten. «Propongo» identifica la postura, pero no sustituye sus razones. En un trabajo académico, revisa también las indicaciones de presentación.

    ¿Necesita una cita en cada párrafo?

    No. Debes atribuir las ideas y los datos ajenos que utilices, no decorar cada párrafo con una cita. Un ejemplo propio puede ilustrar una razón, pero no se convierte por eso en evidencia estadística.

    ¿Un texto argumentativo es lo mismo que un ensayo?

    No. Argumentar es una forma de organizar el discurso; un ensayo es un género que puede desarrollar una argumentación. También puedes argumentar en una carta, una reseña o un artículo de opinión.

    Test de 10 preguntas

    Pon a prueba lo aprendido

    Aciertos: 0/10

    Pregunta 1 de 10

    ¿Cuál de estas frases expresa una tesis defendible?

    Fuentes y revisión editorial

    Cómo citar este artículo

    Editorial Ejemplode. (2026, 2 de octubre). Texto argumentativo: 5 ejemplos completos y estructura. https://www.ejemplode.com/espanol/texto-argumentativo/

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