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Procesos de la narración: La segunda escena

No todo puede ser de palpitante interés en una narración: el lector puede cansarse. Es necesario permitir que se vavan dirigiendo con calma imágenes y conceptos. Así como en un cuadro se requiere del contraste luminoso del claroscuro, en la narración se requiere del descanso. Es posibilidad para que se puedan apreciar los pasajes más importantes.
Una segunda escena tranquila se contempla en El filo de la navaja, de Somerset Maugham:
"Se pTierle preguntar por qué. si he convertido a Paul Gauguin en un inglés no podría hacer otro tanto con los personajes de este libro. La contestación es sencilla: no podría. No serían quienes son. No pretendo que sean norteamericanos, como el'os mismos se ven; son norteamericanos vistos a través del ojo de un inglés. No he intentado reproducir las peculiaridades de su lenguaje. El fracaso de los escritores, al intentar hacerlo, puede solamente igualarse al fracaso de los escritores estadounidenses cuando cnsavan reproducir el inglés tal como se habla en Inglaterra. El dialecto es una trampa. Henrv Tames, en sus cuentos insr1e«es, lo utilizaba constantemente, pero nunca con exartítud, como lo hace un ínsflés. de manera que en vez de loarrar los efectos familiares buscados, a menudo resulta chocante para el lector inglés.
En 1919, me encontraba accidentalmente en Chicago, de paso para el Extremo Oriente, y por razones que nada tienen que ver con esta narración, tuve que permanecer allí por espacio de dos o tres semanas. Poco tiempo antes había publicado una novela que tuvo huen éxito, y como por el momento mi persona constituía algo digno de publicidad, fui entrevistado apenas llegué. A la mañana siguiente sonó el timbre del teléfono. Atendí la llamada," (Cfr. Bibliografía complementaria, N? 34)
Para reforzar lo que he explicado, cito otro ejemplo, encontrado en El viejo y el mar, de Ernest Hemingway:
"Entristecía al muchacho ver al viejo regresar todos los días con su bote vacío, y siempre bajaba a ayudarle a cargar los rollos de sedal o el bichero y el arpón y la vela arrollada al mástil. La vela estaba remendada con sacos de harina y, arrollada, parecía una bandera en permanente derrota.
El viejo era flaco y desgarbado, con arrugas profundas en la parte posterior del cuello. Las pardas manchas del benigno cáncer de la piel, que el sol produce con sus reflejos en el mar tropical, estaban en sus mejillas. Estas pecas corrían por los lados de su cara hasta bastante abajo, y sus manos tenían las hondas cicatrices que causa la manipulación de las cuerdas cuando sujetan los grandes peces. Pero ninguna de estas cicatrices era reciente. Eran tan viejas como las erosiones de un árido desierto." (Cfr. Bibliografía complementaria, N9 27)

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Por: Luffy

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