Don Quijote, Donjuán y la Celestina

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Autor: Redacción Ejemplode.com.

Don Quijote, Donjuán y la Celestina (fragmentos) Ramiro Maeztu y Whitney

Leamos el Quijote, por de pronto, sin perspectiva histórica. No hay novedad en ello: así se ha venido leyendo en España. Tratemos de reconstruir la impresión que deja en nosotros su primera lectura, si por azar no lo leímos de niño, porque entonces, a fuerza de reírnos, no conseguimos entenderlo. Olvidemos la inmensa literatura crítica que ha suscitado. Leamos las líneas, y no las entrelineas. Las obras de arte no son misterios accesibles únicamente al iniciado, sóti expresiones de sentimientos comunicables. Para mejor precisar la índole de las emociones que nos hace sentir el Quijote, comparémoslas con las que produce otra obra tan fundamental comió el Quijote, y de su mismo tiempo: el Ham-let, de Shakespeare. La primera parte del Quijote, que es la esencial, se publicó en 1605; hacia ese mismo año se puso también Ham-let en escena por la primera vez.

¿Qué emociones despertaría Hamlet en el burgués londinense que iba al teatro al comenzar el siglo XVII, y qué otras Don Quijote de la Mancha al soldado español que por entonces lo leía en tierra de Flandes o de Italia? En estos tiempos ha dicho Iván Turgueniev que Hamlet es el "símbolo de la duda". Don Quijote es el idealista que obra; Hamlet, el que piensa y ^analiza. Pocas páginas se habrían dedicado al libro español tan comprensivas y amorosas como las del novelista ruso, que quizá amó tanto a Don Quijote por lo mismo que se sentía personalmente mucho más cerca del tipo de Hamlet. Sería absurdo intentar un paralelo entre ambas obras que pretendiese rivalizar con el suyo en finura espiritual, pero la necesidad de hacerlo
depende precisamente de la excelencia de lo escrito por Turgueniev porque no se contenta con presentarnos a los héroes de Shakespeare y Cervantes tal como aparecen a primera lectura, sino que nos descubre rasgos de su carácter, como los de su sensualidad y el egoísmo de Hamlet, que sólo la reflexión descubre; y el de la suprema bondad de Don Quijote, que es o puede ser evidente todo el tiempo, pero que se oculta detrás de su locura, de su ingenio, de su valor y de sus aventuras, hasta que se nos revela a última hora, cuando Cervantes, cansado de burlarse de su héroe, acaba no sólo por quererle, sino por descubrir que le ha querido siempre. Olvídese, si es posible, todo lo que sobre el Quijote y Hamlet se ha escrito. Leamos con sencillez estas dos obras.

La concepción de Don Quijote. Pero al volver Cervantes a su patria se encontró con que no se hacía caso de sus méritos. Se había imaginado ingenuamente que el éxito en la vida debería estar en razón directa de los méritos^ Así lo cree también el pueblo español, que pronostica fácilmente prosperidad a los talentos. Quizá no reparó Cervantes en que los españoles sentimos tanta piedad por las medianías, que no toleraremos nunca
que se las despoje de sus puestos, para abrir paso a las capacidades.

El caso es que este héroe y poeta, conocedor de la excelsa armonía de ser todo, cuerpo y alma, llega a los cincuenta años de su edad, fecha en que poco más o menos, aparece en su espíritu el pensamiento central del Quijote fracasado por completo: como militar, puesto que no progresó en la carrera de las armas; como escritor, porque sus comedias no le permiten vivir con decoro; como hombre de carrera, puesto que se gana la vida cobrando malas deudas; como hombre de honor, porque está preso, y aun como hombre, puesto que se halla manco.

A los cincuenta años, Cervantes vuelve los ojos hacia atrás y se mira a sí mismo. ¿Qué encuentra? Sus ideales de juventud fueron generosos; su brazo los sustentó con intrepidez; y, a pesar de ellos, se encuentra fracasado. ¿Culpa de los demás? ¿Culpa de sí mismo? "Más versado en desdichas que en versos", como dice de sí mismo en el escrutinio de la librería; al hacer el balance de su vida pasada, repara en la inutilidad práctica de sus sueños, de sus ideales, de sus libros de caballería, de sus aventuras, de su valor heroico. Y ese día melancólico y gris nació en la mente de Cervantes la concepción de Don Quijote de la Mancha.

Citado APA: (A. 2009,02. Don Quijote, Donjuán y la Celestina. Revista Ejemplode.com. Obtenido 02, 2009, de https://www.ejemplode.com/41-literatura/584-don_quijote,_donjuan_y_la_celestina.html)

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Comentarios:

  1. El Quijote es por mucho una de las mejores obras literarias de la historia, resalta las mejores virtudes del hombre encarnadas en Don Quijote.
    Jamás ningún escrito de Shakespeare llegará a los talones a ésta obre maestra de Cervantes.
    Por Jesús B.C. 09.26.10 a las 22:07:53

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