Ejemplo de Epífora

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La epífora es una figura retórica que consiste en la repetición de una o varias palabras al final de un verso o de una frase del poema. En este sentido, es muy similar a la anáfora, la diferencia es que en esta última los sonidos se repiten al inicio de las frases o de los versos. Por esta razón, la epífora pertenece a las figuras de dicción, las cuales se basan en alteraciones de la forma o de la sintaxis para crear el efecto poético.

 

Al ser una figura retórica, la epífora tiene como fin último utilizar el lenguaje de una forma estilística para embellecerlo; en este caso, la repetición de palabras generará un énfasis en aquello que se está expresando, además de que crea un determinado ritmo poético.

 

Por ejemplo:


Se nos va la vida viviendo,
un instante eterno viviendo,
se caen las hojas marchitas viviendo,
y el color de los telares se esfuma viviendo,
todo acaba por morir mientras seguimos viviendo.


Cruzaré el silencio que nos separa por tu amor,
las barreras de nuestros corazones por tu amor
derribaré hasta que quede vulnerable por tu amor
y pueda demostrarte que ardería una vida por tu amor
que esperaría

Como podemos observar en los ejemplos anteriores, la epífora consiste en una repetición consecutiva; es decir, para que se de el efecto, los versos o frases en los que se hace la repetición deben aparecer seguidos.

9 Ejemplos de poemas con Epífora:

En cada uno de los siguientes ejemplos de poemas, se resaltará en negritas la epífora que se genera al final de los versos o de determinadas frases:

  1. El silencio

Después de la duda, el silencio; después de el dolor, el silencio,
Tras las noches en vela, el silencio; tras un párpado adormecido, el silencio.

Cuando se va el dolor y la duda queda el silencio,
Tras el júbilo de un beso queda el silencio
y en la noche de tibieza tras el amar queda el silencio
Compañero de vida, se agazapa en la nada,
en los rincones del firmamento para azotar con su fuerza
la ausencia de todo, la presencia de nada.

Tras la vida y la muerte queda el silencio
en el vapor de tu ausencia en la ventana queda el silencio
y en el transcurrir de la vida quedará el silencio
cuando cerremos la puerta, tras el seguro quedará el silencio.

  1. “La guitarra” de Federico García Lorca

Empieza el llanto
de la guitarra.
Se rompen las copas
de la madrugada.


Empieza el llanto
de la guitarra.
Es inútil callarla.
Es imposible callarla.


Llora monótona
como llora el agua,
como llora el viento
sobre la nevada
Es imposible
callarla,
Llora por cosas
lejanas.


Arena del Sur caliente
que pide camelias blancas.
Llora flecha sin blanco,
la tarde sin mañana,
y el primer pájaro muerto
sobre la rama
¡Oh guitarra!
Corazón malherido
por cinco espadas

  1. Lo eres todo…

Cuando te miro en las mañanas, lo eres todo.
En la tristeza de mis noches y angustias, lo eres todo.

Llenas con tu luz pasadizos sin retorno
que me llevan a la raíz de mis miedos y fracasos,
agolpas los silencios con las palabras que se forman en tus ojos
y puedo quedarme ahí sentado, con la claridad acompañando toda duda.

En la noche cuando pasa el ajetreo, lo eres todo
En el día, en medio del caos del tiempo, lo eres todo.

Llenas con tus abrazos huecos inexplicables que se transforman,
abres puertas que creía siempre cerradas,
y cierras los candados que no tienen llave.

En la calma de mis logros, lo eres todo
Y en la honda oscuridad de mis fracasos, lo eres todo.

  1. “Ya no es posible” (fragmento) de Vicente Aleixandre

No digas tu nombre emitiendo tu música
como una yerta lumbre que se derrama,
como esa luna que en invierno reparte
su polvo pensativo sobre el hueso.

Deja que la noche estruje la ausencia de la carne,
la postrera desnudez que alguien pide;
deja que la luna ruede por las piedras del cielo
como un brazo ya muerto sin una rosa encendida.

Alguna luz ha tiempo olía a flores.
Pero no huele a nada.
No digáis que la muerte huele a nada,
que la ausencia del amor huele a nada,
que la ausencia del aire, de la sombra huelen a nada.

La luna desalojaba entonces, allá, remotamente, hace mucho,
desalojaba sombras e inundaba de fulgurantes rosas
esa región donde un seno latía.

  1. “Chico Wrangler” de Anna Rosetti

Dulce corazón mío de súbito asaltado.
Todo por adorar más de lo permisible.
Todo porque un cigarro se asienta en una boca
y en sus jugosas sedas se humedece.
Porque una camiseta incitante señala,
de su pecho, el escudo durísimo,
y un vigoroso brazo de la mínima manga sobresale.
Todo porque unas piernas, unas perfectas piernas,
dentro del más ceñido pantalón, frente a mí se separan.
Se separan.

  1. “Enfermedades en mi casa” (fragmento) de Pablo Neruda

Cuando el deseo de alegría con sus dientes de rosa
escarba los azufres caídos durante muchos meses
y su red natural, sus cabellos sonando
a mis habitaciones extinguidas con ronco paso llegan,
allí la rosa de alambre maldito
golpea con arañas las paredes
y el vidrio roto hostiliza la sangre,
y las uñas del cielo se acumulan,
de tal modo que no se puede salir, que no se puede dirigir
un asunto estimable,
es tanta la niebla, la vaga niebla Cagada por los pájaros,
es tanto el humo convertido en vinagre
y el agrio aire que horada las escalas:
en ese instante en que el día se cae con las plumas deshechas,
no hay sino llanto, nada más que llanto,
porque sólo sufrir, solamente sufrir, y nada más que llanto.

El mar se ha puesto a golpear por años una pata de pájaro,
y la sal golpea y la espuma devora,
las raíces de un árbol sujetan una mano de niña,
las raíces de un árbol más grande que una mano de niña,
más grande que una mano del cielo,
y todo el año trabajan, cada día de luna
sube sangre de niña hacia las hojas manchadas por la luna,
y hay un planeta de terribles dientes
envenenando el agua en que caen los niños,
cuando es de noche, y no hay sino la muerte,
solamente la muerte, y nada más que el llanto.

Estoy cansado de una gota,
estoy herido en solamente un pétalo,
y por un agujero de alfiler sube un río de sangre sin consuelo,
y me ahogo en las aguas del rocío que se pudre en la sombra,
y por una sonrisa que no crece, por una boca dulce,
por unos dedos que el rosal quisiera
escribo este poema que sólo es un lamento,
solamente un lamento.

  1. “Caminando, caminando” de Víctor Jara

Caminando, caminando
voy buscando libertad,
ojalá encuentre camino
para seguir caminando.

Es difícil encontrar
en la sombra claridad
cuando el sol que nos alumbra
descolora la verdad. 

Cuánto tiempo estoy llegando
desde cuándo me habré ido
cuánto tiempo caminando
desde cuándo caminando.
Caminando, caminando.

  1. “Subida del Monte Carmelo” (fragmento) de San Juan de la Cruz

Para venir a gustarlo todo,
no quieras tener gusto en nada.
Para venir a poseerlo todo,
no quieras poseer algo en nada.

Para venir a serlo todo,
no quieras ser algo en nada.
Para venir a saberlo todo,
no quieras saber algo en nada.

Para venir a lo que no gustas,
has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no sabes,
has de ir por donde no sabes.

Para venir a lo que no posees,
has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres,
has de ir por donde no eres.

  1. “Una idea” (fragmento) de Julio Cortázar

 un cobarde que vacila entre el olvido y tras la nada
que vacila tras tus pasos y tu melódica mirada
que se pierde encandilado tras el grito de tus ojos
que se aturde enceguecido tras el brillo de tu nombre

que se esconde tras las letras de algún otro nombre
y aún así no se atreve a gritar de quien se esconde
que hace frente tan valiente a enredadas tempestades
y se escapa como un niño al descubrirse a tu lado

que amanece al medio día y se duerme al despedirte
que susurra tan potente y que grita tan despacio
que camina tan de prisa y con los ojos bien cerrados
sin valor por la cornisa que conduce a tu palacio

Citado APA: Del Moral, M. & Rodriguez, J. (s.f.). Ejemplo de Epífora.Ejemplo de. Recuperado el 17 de Septiembre de 2021 de https://www.ejemplode.com/41-literatura/5173-ejemplo_de_epifora.html

Autor: Del Moral, Mauricio. & Rodriguez, Jennyfer.

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