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Ejemplo de El periodismo: Critica periodistica

Es frecuente que las personas de escasa cultura piensen que criticar es solamente señalar cualidades negativas de algo. Menudean las críticas a las costumbres, a la política, al deporte, a la religión, etc. Nada más lejos de la verdad.
Criticar no es censurar ni elogiar. Criticar es enjuiciar, dando las razones del porqué algo se considera como bueno o como malo. No basta con diferir de lo que se critica, se deben exponer argumentos convincentes. Cualquiera dice que le gusta o no la última noticia que ha leído.
Muy pocos, los críticos de verdad, apoyan razonadamente sus opiniones.
El crítico, para ser digno de llamarse así, debe:
a) Informar con objetividad, no alterar las creaciones ajenas e interpre-las fielmente.
b) Demostrar sus opiniones, no aventurar juicios irreflexivos que no puedan sostenerse. Fundamentar toda afirmación.
c) Juzgar con ponderación y justicia, no aceptar criterios parciales y subjetivos. Recalcar lo positivo y reprobar lo negativo, venga de donde viniere.
d) Escribir con agilidad, precisión y claridad, no pretender impresionar con frases pedantes que dificulten la comprensión. Intentar, hasta donde sea posible, comunicarse efectivamente con el mayor número de lectores.
La crítica es literaria cuando trata de novedades bibliográficas; artística, si habla de exposiciones de pintura, escultura o conciertos musicales; y teatral o cinematográfica, cuando se refiere a espectáculos públicos.
Para Osear Wilde, "El crítico está en relación con la obra de arte que critica, en el mismo estado que el artista con respecto al mundo visible de la forma y el color o el invisible de la pasión y el sentimiento. Es una creación dentro de otra creación. Es el registro de la propia alma. Para el crítico fueron escritos los libros y pintados los cuadros. Se ocupa del arte, no como expresión, sino como impresión."
Ilustraré, para dar cuerpo a los conceptos que acabo de citar, las diversas críticas:
Francisco Zendejas, el día 8 de diciembre de 1974, en Excélsior, critica literariamente la obra El constitucionalismo social mexicano, por Jorge Sayeg Helú.
"El constitucionalismo social mexicano, vols. I, II y III, por Jorge Sayeg Helú, se ocupa de estudiar el desarrollo de nuestro país desde sus orígenes mismos hasta el término de la revolución armada, que se proyectó en la Constitución de 1917.
Reviste importancia un estudio de esta naturaleza, pues pocos son los que, dando a la historia de México el necesario enfoque jurídico-social que se requiere, se han publicado hasta hoy, y, que sepamos, ninguno se ocupa de hacerlo de manera global. Tiene, además, la virtud de ser, a la vez que un estudio amplio de la historia constitucional de México hasta la expedición de nuestra todavía vigente Carta Fundamental, un colorido cuadro de los aspectos parciales de cada una de las etapas más relevantes de nuestra historia. Por ello, nos parece que su lectura interesará no sólo al especialista en la historia jurídica, sino al lector común, que se emocionará con muchos de sus pasajes.
¿Cuál o cuáles fueron las razones que llevaron a Hidalgo y a Morelos a lanzar a los mexicanos a la guerra de Independencia? ¿Por qué ésta, en su iniciación, más que un movimiento político tendiente a desligarnos materialmente de España, asumió el carácter de una verdadera revolución social? ¿Por qué la época centralista puede bien ser considerada como una etapa de anarquía? ¿Cómo fue que Juárez, basado en la Constitución de 1857, logró la consolidación de la nacionalidad mexicana? ¿Cuál fue el pro y el contra de la etapa que presidió Porfirio Díaz?, ¿por qué nuestra Revolución, en su primera fase, revistió un contenido predominantemente político,y no fue sino hasta después que se manifestara en su auténtica dimensión política y social?...
A estas interrogantes, nos parece, responde la obra de Sayeg Helú..."
Encuentro un ejemplo de crítica artística teatral en lo que Antonio López Chavira escribe acerca de la obra "Dos náufragos tras el pescado", aparecida el 4 de diciembre de 1974 en Excélsior:
Originalmente, esta pieza de André Roussin —con el titulo de "La pequeña choza"— era una comedia bastante divertida cuyas intenciones, partícipes de un incipiente feminismo, se popularizaron gracias a la versión cinematográfica que protagonizara Ava Gardner en Hollywood.
Ahora, presentada en México con el nombre de "Dos náufragos tras el pescado", se ha convertido en un intento de algo que pretende hacerse pasar por "vodevil familiar", y que no alcanza ni siquiera el nivel cualitativo de chiste car-pero. A pesar de que la idea de montarla en México pudo haber rendido, al menos, un experimento interesante (debido a su tratamiento del adulterio), la dirección de Alberto Rojas, que se insinúa en esta puesta en escena, ha nulificado totalmente sus efectos e incluso su carácter de pieza teatral.
En un escenario tan pequeño, como el del teatio de la República, ambientado por la bien lograda, pero aparatosa, escenografía de Hugo Maclas, el movimiento escénico se ve reducido a una monótona y mínima expresión. La falta de naturalidad en las actitudes y diálogos, así como unas actuaciones tiesas y esquemáticas, provocan en el público un aburrimiento casi comparable al que demuestran los protagonistas, brevemente interrumpido por los oportunos comentarios de Evita Muñoz "Chachita", que hace lo imposible por sacar a flote la empresa, infructuosamente.
Alfonso Zayas y Alberto Rojas, en los papeles de marido y amante, están completamente faltos de gracia y desaprovechan una vena humorística que pudo haber salvado lo malo de sus actuaciones. Jorge Ortiz de Pinedo, en su personaje de náufrago canibalesco-cocinero-veracruzano, mantiene trabajosamente lo ilógico de su personaje, prefabricado de tal manera que encaje perfectamente en la serie de adaptaciones al texto original, elaboradas por medio de chistes gastados y una mentalidad casi burocrática por su falta de ingenio, que han convertido "La pequeña choza" en este insostenible bodrio."
García Riera nos ofrece un excelente ejemplo de crítica cinematográfica.
Transcribo a continuación la que redactó de la película Ludwig de Luchino Visconti, aparecida en Excélsior el 4 de diciembre de 1974.
"Por si no fueran suficientes los infortunios que se abatieron sobre el monarca bávaro del siglo XIX, cuya historia cuenta Luchino Visconti en una suntuosa, bella y curiosamente contenida película, he aquí que ésta ha sido exhibida en la Muestra con el título de La pasión de un rey. Francamente, me parece lícito olvidar esa nueva fantasía de los distribuidores y retener el buen título original de la cinta que es simplemente el de Ludwig.
La contención de Visconti, que quizá algunos hayan tomado por frialdad, puede ser resultado paradójico, como en tantos casos, del sentimiento de afinidad. Ese conmovedor rey Luis de Baviera. que quiso gobernar a favor del espíritu, del arte, y de espaldas a las exigencias políticas y sociales de su época, que odiaba a Munich, la capital de su estado, y prefería vivir en los delirantes castillos por él mismo edificados, fue de una estirpe demasiado reconocible para el realizador de Senso y de II Gattopardo. Visconti ha sido uno de los mejores cronistas que ha tenido el siglo XIX en el cine, por su comprensión clara del choque entre el espíritu romántico y el desarrollo de la historia europea. La visión de esa colisión dramática que dio sustancia dialéctica a tantos personajes viscontianos, se atenúa en Ludwig por mero hecho: si la cámara persigue insistentemente a un rey desequilibrado (neurótico, diríamos ahora), agónico y esteta (sublimador, se diría ahora), poco o casi nada muestra de la época, del medio social con el que chocó.
Cabe preguntarse si Visconti no ha tenido el pudor de impedirse ver más del contexto en que Ludwig actuó que el propio rey. Por eso hablaba de afinidad: es de tal manera manifestó el amor del cineasta por su personaje, que explica su renuncia a ridiculizarlo por el mero contraste con el mundo real al que tan ajeno era el monarca. Lo que viene a decirnos la película —y nos lo dice en forma muy justa e inspirada— es que Ludwig sólo vivió en un mundo, el mundo de sus obsesiones, casi totalmente incomunicado con el otro. Que un hombre capaz de mantenerse en esa suerte de ámbito intrauterino fuera al mismo tiempo un rey, por simple azar dinástico, da suficiente medida de su tragedia. (Por lo demás, resulta claramente significativo, en ese orden, que Ludwig admirara profundamente a Wagner y no soportara al mismo tiempo ver en el compositor a una persona de carne y hueso y que lo mismo le pasara con la princesa Sofía, con Isabel de Austria o con un actor, como puede apreciarse en la cinta.)
La pasión de un rey (Ludwig), película italiana, en colores de Luchino Visconti, sobre un argumento suyo, de Enrico Medioli y de Suso Cecchi d'Amico, con Helmut Berger, Romy Schneider, Trevor Howard, Silvana Mangano, Gert Frobe. (Ugo Santalucía. 1972. V

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Por: Luffy

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Comentarios:

  1. Me ha servido mucho el ejemplo, gracias.
    Por where-did-pete-wentz 02.22.14 a las 16:15:29
    1. pues me ayudo para tyerminar mi tarea de lectura
      mil graciasias
      aaaaaaaaa
      y esta xido
      Por liizZbbEeTtHh 10.24.10 a las 15:19:08
      1. porfa envienme un ejemplo de critica
        Por jessvim 07.06.10 a las 12:22:10

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