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Ejemplo de El periodismo: La entrevista

La entrevista es dinámica, gusta a casi todas las personas. Busca el acopio de testimonios orales, mediante un contacto interpersonal. Retrata a un hombre. Comunica al lector quién es, cómo es y qué hace una persona.
La entrevista es libre cuando el "entrevistador" la conduce con espontaneidad; es dirigida cuando se propone un número fijo de preguntas. La primera permite ahondar en la mente del "entrevistado"; la segunda puede aportar precisión y meditación en los datos que se dan.
Tanto el "entrevistador" como el "entrevistado", deben ser cultos y hábiles para que puedan cumplir con dignidad su función de comunicar al lector, en forma viva y sincera, datos oportunos y trascendentes.
Ario Garza Mercado, en Manual de técnicas de investigación, señala las cualidades que deben poseer las personas que van a entrevistarse.
El "entrevistador":
1. Autoridad para realizar la entrevista, o apoyo (de líderes, autoridades, etc.) para llevarla a cabo.
2. Agudeza en la observación.
3. Capacidad para escuchar, transcribir, seleccionar y condensar la información obtenida.
4. Adaptabilidad a circunstancias previstas e imprevistas.
5. Don de gentes.
6. Cortesía.
7. Tacto.
El "entrevistado":
1. Interés.
2. Deseo de cooperar.
3. Capacidad de observación.
4. Sinceridad.
5. Memoria.
6. Imparcialidad.
7. Habilidad para comunicarse oralmente.
8. Tipicidad.
Inserto, a manera de ilustración, la entrevista "Artesanía de la entrevista' que Federico Campbell sostuvo con Alex Haley, incluida en el libro Conversaciones con escritores.
Alex Haley es periodista especializado en entrevistas con personajes internacionales, han aparecido en "Harper's", "Atlantic", "Cosmopolitan" y "Playboy."
—"¿Cuál es su idea de la entrevista?
—Para mí es una situación en la que el periodista se presenta como apoderado del público, y trata de interpretar el tema y la persona entrevistada para los lectores. Su actitud debe ser honrada y, hasta cierto punto, inocente.
—¿Siempre utiliza grabadora?
—No. Prefiero comenzar tomando notas, porque la gente suele cohibirse ante la grabadora. En esa forma, empiezo a darme cuenta cómo reacciona el entrevistado. Malcolm X fue uno de esos casos. Estuve entrevistándolo durante un año, cuando juntos escribimos su autobiografía, y lo único que me permitió fue traer mi máquina de escribir para oír su dictado. Con una grabadora magnetofónica la cosa hubiera sido más rápida, y hubiera aprovechado los giros coloquiales.
—¿Qué tanto tiempo emplea conversando con el entrevistado?
—Depende del individuo y de su capacidad para extroverterse. Primero se establece una especie de empatia que uno debe controlar a medida que platica con el sujeto. Con Cassius Clay estuve cuatro días; con otros me he tardado hasta dos semanas.
—¿Prepara usted antes sus preguntas y, si así es, se las muestra de antemano al entrevistado?
—No. Nunca le muestro las preguntas. En realidad lo que pasa es que no preparo una lista de pieguntas, sino de temas; de ahí, y de la conversación, surgen espontáneamente las preguntas. Claro que debo controlar estas preguntas con el fin de mantener al sujeto en cierta área. Es decir, no me preocupo tanto por ciertas preguntas específicas como por el tema que se está tratando. Si de pronto el entrevistado se sale del tema, no lo interrumpo sino que escribo todo lo que dice, y más tarde corto los párrafos con tijeras para reunirlos en la fase correspondiente de la entrevista.
—En otras palabras, usted empieza por hablar de cualquier cosa simplemente para romper el hielo y motivar la conversación hacia el tema que le interesa...
—Exacto. Por cierto que tengo la impresión de que empleo la mayor parte del tiempo condicionando al sujeto. Podría mencionar, entre muchos otros casos, el incidente que tuve con Miles Davis. Miles Davis tiene fama de no hablar con la prensa, pero yo tenía que hacerlo hablar a como diera lugar, pues me habían encargado una entrevista. Al principio se negó. Cuando me enteré de que es un deportista entusiasta y que asistía diariamente a un gimnasio de Harlem (parece que es muy buen boxeador) fui a una tienda y me compré el equipo necesario para entrar en el gimnasio. Me inscribí, y pagué mis cuotas; de esa manera, Miles no podía correrme de ahí. Cuando Miles entró yo estaba tirando guante y haciendo sombra. Parece que esto le cayó muy bien y se puso a enseñarme cómo pegarle correctamente al costal. Me invitó a subir al ring y nos propinamos tres agitados rounds. Después de esto pasamos a la regadera y, como sucede generalmente cuando uno está en la regadera, las formalidades salieron sobrando. En esta forma iniciamos nuestra amistad y así comenzó la entrevista.
—¿Usted escribe y publica todo lo que dice el entrevistado? ¿Le muestra la entrevista ante de enviarla a la imprenta?
—No. No escribo todo lo que él dice, porque en realidad se puede escribir mejor lo que habla una persona. Salvando algunos giros coloquiales que en cierta forma retratan al sujeto, ordeno el material y trato de transmitir la idea que el entrevistado quiere comunicar. Algunas veces incluyo las frases literalmente, cuando es necesario hacer resaltar algún dato o una afirmación muy personal. En cuanto a la segunda parte de su pregunta: sí, el entrevistado siempre ve las pruebas de galera antes de que se publique la entrevista.
—¿En qué piensa cuando el entrevistado está hablando...?
—Eso es muy importante. Cuando se es buen entrevistador (como me gustaría pensar que yo lo soy ahora), uno se da cuenta de que los gestos de la gente son a veces mucho más elocuentes que sus palabras. Observo las manos, temblorosas o quietas o sudadas, y trato de adivinar lo que la persona está sintiendo, si está nerviosa, tensa y si está consciente de eso o no. Lo que se puede hacer al'intentar entrevistar a un hombre casado no es ir a ver a su esposa, sino a^su secretaría; ella sabe mucho más acerca de él. La mejor manera de aproximarse a un individuo es sorprenderlo en una situación dada, como en una fiesta, y ver cómo reacciona ante las preguntas; hay que ver también la cara que pone su pareja, pues lo que él piensa se refleja en la cara de ella, o viceversa.
—¿Trata usted de despertar un sentimiento de amistad en la persona que entrevista?
—Sí, claro, en todos sentidos, y me da muy buenos resultados. No recuerdo a nadie que haya entrevistado que ahora no sea mi amigo, con la excepción natural del nazi Rockwell y salvo el doctor Martin Luther King, que era una persona muy ocupada. El libro de Malcolm X produjo una entrevista en Playboy y terminamos siendo muy buenos amigos.
—¿En alguna forma trata usted de hacer comentarios, de deslizar sus propias opiniones entre pregunta y respuesta?
—Nunca. Creo que es parte de la honradez del entrevistador. Es decir, uno se queda afuera, como buen oyente. Uno es como un cirujano y el entrevistado se coloca como paciente en la mesa de operaciones. El trabajo consiste en hacerle una buena operación." {Cfr. Bibliografía complementaria, No. 12)

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Por: Luffy

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Comentarios:

  1. esta muy padre
    Por zeti 02.13.11 a las 16:23:06

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