Sonata de Otoño

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Autor: Redacción Ejemplode.com, año 2017

Sonata de Otoño (fragmento) Ramón del Valle Inclán

En el fondo del laberinto cantaba la fuente como un pájaro escondido, y el sol poniente doraba los cristales del mirador donde nosotros esperábamos. Era tibio y fragante: gentiles arcos cerrados por vidrieras de colores le flanqueaban con este artificio del siglo galante que imaginó las pavanas y las ga-votas. En cada arco, las vidrieras formaban tríptico y podía verse el jardín en medio de una tormenta, en medio de una nevada y en medio de un aguacero. Aquella tarde el sol de Otoño penetraba hasta el centro como la fatigada lanza de un "héroe antiguo.

Concha, inmóvil en el arco de la puerta, miraba hacia el camino suspirando. En derredor volaban las palomas. La pobre Concha enojábase conmigo porque oía sonriendo el relat o de una celeste aparición, que le fuera acordada hallándose dormida en mis brazos. Era un sueño como los tenían las santas de aquellas historias que me contaban cuando era niño, la dama piadosa y triste que entonces habitaba el palacio.

Recuerdo aquel sueño vagamente: Concha estaba perdida en el laberinto, sentada al pie de la fuente llorando sin consuelo. En esto se le apareció un Arcángel; ni llevaba espada ni broquel; era candido y melancólico como un lirio; Concha comprendió que aquel adolescente no venía a pelear con Satanás. Le sonrió a través de las lágrimas, y el Arcángel extendió sobre ella sus alas de luz y la guió... El laberinto era el pecado en que Concha estaba perdida, y el agua de la fuente eran todas las lágrimas que había de llorar en el Purgatorio. A pesar de nuestros amores, Concha no se condenaría. Después de guiarla al través de los mirtos verdes e inmóviles, en la puerta del arco donde se miraban las dos Quimeras, el Arcángel agitó las alas para volar. Concha arrodillándose, le preguntó si debía entrar en su convento, el Arcángel no respondió. Concha retorciéndose las manos, le preguntó si debía deshojar en el viento la flor de sus amores, el Arcángel no respondió. Concha, arrastrándose sobre las piedras le preguntó si iba a morir, el
Arcángel tampoco respondió, pero Concha sintió caer dos lágrimas en sus manos. Las lágrimas le rodaban entre los dedos como dos diamantes. Entonces Concha había comprendido el misterio de aquel sueño... La pobre al contármelo suspiraba y me decía: —Es un aviso del Cielo, Xavier.

—Los sueños nunca son más que sueños, Concha.
—¡Voy a morir!... ¿Tú no crees en las apariciones?

Me sonreí, porque entonces aún no creía, y Concha se alejó lentamente hacia la puerta del mirador. Sobre su cabeza volaron las palomas como un augurio feliz. El campo verde y húmedo, sonreía en la paz de la tarde, con el caserío de las aldeas disperso y los molinos lejanos desapareciendo bajo el emparrado de las puertas, y las montañas azules con la primera nieve en las cumbres. Bajo aquel sol amable que lucía en medio de los aguaceros, iba por los caminos la gente de las aldeas.

Citado APA: (A. 2009,02. Sonata de Otoño. Revista Ejemplode.com. Obtenido 02, 2009, de http://www.ejemplode.com/41-literatura/578-sonata_de_otono.html)

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Autor: Redacción Ejemplode.com, año 2017

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Comentarios:

  1. por favor oraciones con sujeto y predicado luego analizalas sintacticamente sino es mucho pdir
    Por duda 11.22.10 a las 23:34:04

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