La etopeya es un dibujo hecho con palabras, es decir, una descripción que hace referencia a una persona, un animal, un lugar o una cosa, y se enfoca en resaltar los rasgos morales de la misma.
La etopeya es una descripción personal que habla sobre las carcaterísticas, cualidades, defectos, virtudes, errores, forma de ser y de pensar (en el caso de personas).
Ejemplo de etopeya:
"Esther, mi abuela, era una mujer calida y amable, siempre dispuesta a estar ahi para ti, y aunque no era una mujer de mente abierta y moderna, si era una mujer que sabía escuchar a todo aquel que necesitara ser escuchado, entendia tus problemas y siempre daba los mejores consejos. ¿Cómo no extrañar a una mujer así? trabajadora, noble, paciente, amorosa; ella era la luz en la obscuridad, la esperanza en medio del desastre, la mujer que con su particular forma de pensar y ver la vida, lleno de alegría y amor la vida de todos quienes la conocieron."
"Sin confesárselo, sentía a veces desmayos de la voluntad y de la fe en sí mismo que le daban escalofríos; pensaba en tales momentos que acaso él no sería jamás nada de aquello a que había aspirado, que tal vez el límite de su carrera sería el estado actual o un mal obispado en la vejez, todo un sarcasmo. Cuando estas ideas lo sobrecogían, para vencerlas y olvidarlas se entregaba con furor al goce de lo presente, del poderío que tenía en la mano; devoraba su presa, La Vetusta levítica, como el león enjaulado los pedazos ruines de carne que el domador le arroja."
wilber
02.06.10 a las 9:54:09
¿Qué clase de fortuna cambio por qué otra, privada de hijos quien antes era considerada afortunada por su prole? La abundancia se convirtió en carencia, y no soy madre de un solo hijo yo que antes aparecía como madre de muchos. ¡cuán necesario hubiera sido en un principio no tenerlos antes que tenerlos para llorarlos! Quienes son privados de sus hijos son más desgraciados que quienes no los tuvieron, pues lo que llega a experimentarse aflige cuando es arrebatado.
Pero ¡ay de mí!, sufro un destino semejante al de mi padre. Soy hija de Tántalo, el cual convivía con las divinidades, pero, después del banquete, era expulsado de la compañía de los dioses, y, puesto que procedo de Tántalo, confirmo mi linaje con las desgracias. Me hice amiga de Leto y por culpa de ésta soy desgraciada, y he recibido su trato para verme privada de mis hijos, y la convivencia con la diosa desemboca para mí en desgracias. Antes de llegar a su conocimiento, yo era una madre más envidiada que Leto, pero, después de resultarle conocida, quedo privada de una prole que antes de nuestro encuentro tenía en abundancia. Y ahora yacen muertos mis hijos de uno y otro sexo, y es más difícil llorar lo que resultó ser más venerable.
¿A dónde he de dirigirme?, ¿a quiénes me dedicaré?, ¿qué clase de funeral me bastará ante la pérdida de todos mis hijos muertos?: faltan las honras ante tal número de desgracias. Pero, ¿por qué lamento estos hechos cuando me es posible pedir a los dioses que cambien en otra mi naturaleza? Conozco una única liberación de las desgracias, transformarme en aquello que nada siente. Sin embargo temo, más bien, que, aun presentando esa naturaleza, he de seguir llorando.